Cuando los veo entrar en la sala elegida, dentro de la villa que constituye el corazón del Beso de Luna, no puedo dejar de pensar que forman una pareja espectacular. Elegantes, atractivos, irradian una fuerza y un magnetismo evidente. Álex y Marcello se acercan y me besan con afabilidad. La camarera, al acecho, aguarda discretamente a un lado para cumplir los deseos de los recién llegados.
— ¿Os apetece un Beso de Luna? Creo que todavía no lo habéis probado…—les pregunto con una sonrisa.
—Por mí bien. Carla me ha hablado tanto de ese cóctel que va siendo hora de que lo pruebe —sentencia Álex.
—A mí también me gustaría saborearlo — apunta Marcello, blandiendo una sonrisa blanquísima.
La chica se aleja y yo observo a nuestros invitados con mirada apreciativa.
—Me da la sensación de que estáis disfrutando de un momento magnífico.
— ¿Por qué lo dices? —ataca Álex con cierto regocijo en sus inquietantes ojos oscuros.
—Bueno, ya sabes a qué me refiero. Algo que ha sucedido recientemente, que considerabas impensable por la forma en que estaba discurriendo todo y que, sin embargo, ha ocurrido y ha supuesto una sorpresa y, a la vez, un regalo precioso… Algunos de nuestros seguidores saben perfectamente de qué o de quién estoy hablando.
—Espero que mucha gente lo sepa ya, después de haber leído Tras la pared…—dice con una sonrisa cómplice—. La verdad es que ha supuesto un cambio enorme y maravilloso en nuestras vidas. Y además ha retrasado algo que teníamos pendiente…
—Pero ese algo lo vais a realizar en la próxima aventura, supongo…
—Conociéndote, yo no estaría tan seguro…—interviene Marcello con un toque de picardía en su atrayente acento italiano.
—Seguro que nos tienes reservado algo inquietante en ese Autorretrato con mar al fondo que vas a sacarte de la manga —me acusa Álex con buena dosis de maldad en su tono.
—Me vais a decir que os lo he hecho pasar horriblemente mal en el pasado…
— ¡Hombre, pues a mí casi me matas! —se ríe Marcello.
—No llegó la sangre al río…
— ¡Pues faltó poco! Te recuerdo que estuve a punto de comerme a Mel —suelta Álex.
—Pero si eres todo corazón…—le replico guiñándole un ojo.
—Eso es lo que os gustaría a algunas…—contesta con un brillo significativo en la mirada.
— ¿Pero nos vas a hacer sufrir mucho en un futuro próximo? —pregunta Marcello vigilando cada movimiento de mi rostro para intentar descubrir algún indicio.
—Como algunos dicen, no hay placer sin dolor…—le digo imperturbable, o por lo menos lo intento.
Todo se verá. Autorretrato con mar al fondo sigue horneándose…y los Besos de Luna ya están sobre la mesa.
Espero que sepan disfrutarlos…





