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lunes, 22 de junio de 2015

Bendito solsticio



El solsticio de verano nos ha traído la mansedumbre de las horas muertas, los ojos entornados, suspendidos en un punto brillante sobre las olas. Los cócteles enfrían el ardor y vuelven el diálogo fluido. El Beso de Luna huele a mar, a jazmines, a pieles lubricadas tras la exposición solar. Pero este verano también nos perfuma de otras cosas; la brisa arrastra aroma a libertad, a esperanza, a orgullo.
Mel y Carla comparten una mirada cómplice que es la antesala de un beso.
Eva entrelaza firmemente sus dedos con los de María y ésta reposa los rizos en su hombro. 
Ante la balaustrada que aísla el local de la playa, Álex y Marcello, cogidos por la cintura, observan ensoñadores el reflejo de la luna en el agua negra. 
Iván y Fran se sientan muy juntos, muslo con muslo y elevan sus copas con una secreta promesa que solo ellos conocen.
Patricia mira su reloj una vez más y al levantar el rostro se encuentra de golpe con los ojos grises de Iduna. La sonrisa le nace sin pedir permiso. Dijo que vendría y lo ha cumplido. La pelirroja le tiende la mano, Patricia acepta el contacto con un estremecimiento. La otra tira de ella y se la lleva por el sendero empedrado hacia un destino incierto.
En un rincón apartado, encerradas en su burbuja candente, Victoria y Daniela se besan ajenas al mar, a la música, a los aromas y al febril tumulto de las pieles en ebullición.
Desde un punto privilegiado lo observo todo y el corazón se me dilata un poco más. Mi cerebro se llena de jazmín, de salitre, de besos susurrados, de deseo incontenido. De verano.
—Bendito solsticio —digo en voz alta antes de beber de mi copa.
Nadie escucha y me encanta.

miércoles, 29 de abril de 2015

Creemos un momento histórico

Esta noche me emociona. Hacía mucho tiempo que no las veía juntas. Las echaba de menos. 
Como si la naturaleza fuese consciente de este hecho, un embriagador perfume de azahar flota en cada rincón del Beso de Luna. Es un presagio excitante.
—¿Notas la fragancia, Mel?
—¡Imposible no hacerlo! Y eso que Carla no está cerca… Tengo todo el vello erizado.

—¡Como si la distancia fuese un problema! Esa hechicera sabe cómo llegar a ti aunque esté al otro lado del planeta —suelta Eva con sorna.
—¡Oye, que estás hablando de mi mujer! —protesta Mel lanzándole un posavasos.
—¡Sabes que es verdad! —se defiende Eva riéndose.
Victoria las observa sorprendida sin saber a ciencia cierta de qué están hablando.
—¡Haya paz! —interviene Patricia, sonriendo.
—¡Mira quién pide paz, la mayor lianta del grupo! —ataca Eva de nuevo.
—Pues tú bien que te apuntas a todo... —contraataca con sutileza Patricia.
Esta noche muestra un brillo excepcional en esos ojos color esmeralda que llevan a todo el mundo de calle. Me encantan las pullas que se lanzan todas cuando están juntas. Victoria no sabe cómo reaccionar. Todavía no las conoce. Le explico que es un juego que las divierte precisamente porque se adoran. Las dificultades, en lugar de haber establecido distancia entre ellas, han conseguido unir todavía más a la familia. Porque en eso se han convertido, en una familia.
La camarera nos trae uno de los mejores vinos de nuestra tierra, un tinto oloroso, profundo, que vierte miles de esencias al aire en cuanto roza la copa. Me adelanto levantando mi bebida. Hoy nos hemos reunido por algo. El momento está próximo.
—Por las buenas decisiones.
—Por un resultado esperanzador —añade Mel.
—Por el regreso de los ideales —interviene Victoria.
—Por la marcha de los sinvergüenzas. Que se vayan de una puñetera vez —afirma Eva exaltada.
—Por el cambio necesario —apunta Patricia.
—En definitiva, por un futuro que nos merecemos —digo zanjando el brindis.
Por fin me llevo el magnífico líquido a los labios y todas las esperanzas se entremezclan en el paladar como en el caldero de un alquimista. Leo en los ojos de mis amigas la confianza en una vida mejor que está a punto de llegar.
Todo depende de cada decisión, de cada voto.
Es tiempo de pensar. Es tiempo de actuar.

Creemos un momento histórico.

jueves, 12 de enero de 2012

Carla, Mel y el mar al fondo...

Avanzo con cierta premura por el interior de la villa, pues sé que llego un poco tarde a mi cita de esta noche. Sin embargo, en cuanto tengo al alcance de la vista el interior de nuestro reservado en el Beso de Luna, detengo mis pasos y me deleito con la escena que se está representando, ignorante de mi intromisión visual. Dos manos entrelazadas reposan sobre uno de los mullidos cojines. Los dedos juguetean inconscientemente, acariciando la piel del dorso de la mano ajena.

Confieso que me cohíbe un tanto contemplarlas desde mi posición, pero no me resisto a mirar, agazapada entre la gente. No puedo permitirme interrumpir la belleza de la pasión.


Con la otra mano, Mel retira hacia atrás el pelo de la cara de la mujer morena. Lo hace con un gesto íntimo, sensual. Ella le ofrece sus labios y se los bebe sin tregua. Carla la tiene atrapada, y no solo por sus brazos en torno al cuello. Me estremezco al sentir cómo la atrae hacia su cuerpo. La mano de Mel, antes prisionera, navega libremente buscando aguas templadas bajo su blusa.


No me atrevo a respirar.


Carla detiene el avance, sofocada, y se aparta lo suficiente para alzar la mirada y descubrirme. Carraspeo. No tengo otra salida.


—Veo que habéis limado asperezas —suelto en cuanto la voz me vuelve a la garganta.


—Algo así —contesta Mel con las mejillas todavía encendidas.


Carla se lleva la copa a los labios y la deja allí un buen rato, hasta que toda la sed, la una y la otra, se va apaciguando.


—¿Qué tal Alejandra? —digo para relajar el ambiente.


—Para comérsela, ya sabes. Hoy toca canguro —añade Mel sonriendo.


Alcanzo a adivinar el sentido encerrado en sus palabras.


—Me alegro de veros así, a pesar de los inconvenientes por los que habéis tenido que pasar desde el principio.


—A pesar de los inconvenientes que TÚ nos has hecho pasar —me espeta Carla con una mirada incendiaria.


—Esa clase de cosas consolida una relación —me defiendo.


—Siempre que sobrevivamos a ellas… —interviene Mel, provocadora.


—Hasta ahora lo habéis hecho y creo que os estáis volviendo adictas a las reconciliaciones.


—Bueno, debo reconocer que no nos podemos quejar —asiente, apoderándose de nuevo de la mano de Carla mientras la empapa en el almíbar de su deseo.


Me digo a mí misma que estas chicas han resultado ser extremadamente fuertes, conociendo los mares profundos que han surcado en Autorretrato…

sábado, 24 de diciembre de 2011

Un año bisiesto por estrenar

—¿Qué le pides a la vida, Mel?
Me envuelve en una mirada acariciadora antes de responder.
—Energía para crear el futuro que deseamos.
—Y el apoyo incondicional de alguien próximo —interviene Carla agarrándola de la mano.
Cuando sus pieles se rozan una suerte de chispa electrizante parece caldear el aire.
—Yo pediría adquirir la madurez suficiente para aceptar los contratiempos —tercia María.
—Y la capacidad para aprender de nuestros errores —añade Eva apurando su cava de un solo trago.
Una nube de silencio se pasea por la mesa impunemente.
—¿Patricia? —intervengo apartando la niebla.
Ella observa con detenimiento el contenido de su copa mientras balancea una pierna larguísima que permanece cruzada sobre la otra. Al final, levanta la vista. Nunca se está lo suficientemente preparado para recibir esa mirada. Creedme.
—Valentía para enfrentar nuestros miedos.
Asiento con la cabeza, incapaz de comentario alguno. Le lanzo a Sara un gesto interrogante.
—Pediría… firmeza para defender nuestros sueños —contesta con esa voz aterciopelada que a nadie deja indiferente.
—Yo quisiera calma para ver la vida con perspectiva y saborearla mejor —responde Fran adelantándose a mi pregunta.
Iván, que lo estaba contemplando embelesado, gira hacia mí su rostro y me sonríe con los ojos.
—Que desaparezca cualquier tipo de violencia. Ese sería mi deseo.
Su pareja lo toma suavemente por la muñeca y deposita un beso en el dorso de su mano.
Álex está radiante esta noche. Sobre su regazo, Alejandra me observa con una serenidad impropia de su edad.
—¿Cuál es tu deseo, Álex?
—Conservar el brillo en la mirada —declara reflejándose en el iris azul del hombre que bebe los vientos por ella.
—Parece que me toca a mí —dice Marcello sin soltar el amarre que lo ata a su aura— Yo desearía que todo el mundo fuese capaz de ponerse en la piel del otro. La comprensión es la base imprescindible para la convivencia.
—Alejandra, cariño, ¿quieres decir algo?
La niña se suelta del abrazo de su abuela y corre hasta mí. Alzándose sobre la punta de sus pequeños pies, alarga el cuello y me planta un beso en la mejilla. Yo me deshago, qué os voy a contar. Después se gira hacia el grupo y habla casi con timidez.
—Quiero que estemos siempre juntos.
Las sonrisas afloran sin pedir permiso.
—Vuestros deseos son los míos —declaro alzando mi copa.
El tintineo acaba de embrujar la noche.
Sed felices y disfrutad de lo que viene…

jueves, 15 de diciembre de 2011

Autorretrato con Carla al fondo

La veo avanzar hacia el sillón que enfrenta al mío al otro lado de la mesa. Se quita el abrigo tres cuartos y lo dobla pulcramente para depositarlo en el respaldo. Entonces me permito admirar su cuerpo ceñido en un traje de chaqueta negro, sexy, femenino. Creí que iba a sentarse, pero en ese instante sortea el obstáculo que nos separa y se aproxima a mí para besarme, regalándome el contacto con su eterno azahar. En un gesto genuino, dispara su melena hacia atrás y no puedo dejar de pensar que le he hecho representar un papel ingrato en Autorretrato con mar al fondo.

—¿Qué tal Alejandra?

—Muy bien. Está con Mel.

—Por cierto, mientras te esperaba estuve pensando que fue precisamente en este reservado donde sufriste cierto percance una nochevieja.

—Sí, lo describiste muy bien en Tras la pared. Afortunadamente todo quedó en un susto…

—La verdad es que también te ha tocado vivir momentos duros en la última aventura. Te pido disculpas por ello.

—No debes disculparte, ya sabes —me dice, insinuando un amago de sonrisa.

—Lo que tú digas —respondo devolviéndole una sonrisa mucho menos sutil.

—No he sido yo la más perjudicada.

—Soy consciente de ello.

—Pues entonces dejémoslo ahí —concluye con un brillo divertido en esos ojos negros capaces de amedrentar a cualquiera.

—Bueno, cuéntanos lo que más te ha gustado de tu incursión en Autorretrato con mar al fondo.

—La felicidad de mi madre. Hubo momentos verdaderamente entrañables en Bracciano. Y algunas reconciliaciones explosivas…

—Eso me han dicho —la provoco—. Además comisteis muy bien, por lo que me han contado…

—Sí —se ríe—. Sobre todo en el restaurante Al Fresco. Fue tremendo. He vuelto con algún que otro kilo de más.

—Pues no se te nota nada —le contesto con una mirada apreciativa.

—Gracias. Tú qué me vas a decir…

Nada. No le puedo decir nada. Eso es tarea de Mel. Y doy fe de que la realiza con dedicación.

Autorretrato con mar al fondo despejará todas vuestras dudas. Prometido.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Encuentro sorpresa en el Beso de Luna

Mi invitada de esta tarde me observa con una sonrisa radiante mientras bebe de su zumo como si fuera el último manjar del universo. Me recreo en sus ojos redondos, expresivos, limpios.
—¿Está rico, cariño?
—¡Siiiii!
Me la como. Sus mejillas se encienden y la mirada se ilumina. Es todo energía. Mel la observa embobada. Y la entiendo.
—Alejandra, ¿cómo te lo has pasado en Autorretrato con mar al fondo?
—Muy bien. He visto a mi…
—¡No lo cuentes!
La pequeña se ríe a carcajadas ante mi interrupción. El pelito se le viene a los ojos y yo se lo aparto despacio, acariciando apenas su frente.
—¿Qué es lo que más te ha gustado? —le pregunto mirándola a los ojos, mientras reprimo mis ganas de apretarla contra mi pecho.
—El viaje con María.
Mel y yo nos miramos con complicidad.
—Gracias por traerla, Mel.
—La verdad es que me lo ha pedido ella. Quería verte.
—Es fantástica.
—Sí que lo es.
—Nos has traído también las imágenes del último encuentro en Valencia…
—Quería compartirlo y, de paso, dar las gracias a la gran cantidad de personas que se acercaron a conocer de cerca nuestra última aventura. Fue un placer.
—Desde luego, resultó increíble y digno de agradecimiento que acudiera tanta gente, con su cariño a cuestas, mientras no paraba de llover.
—Por eso he querido dejaros estas imágenes. A mí me verás por ahí, pero ya sabes que hay que guardar el anonimato…
—Prometido.
Alejandra nos contempla con atención y agarra de nuevo su zumo con las dos manitas, que ni siquiera alcanzan a abarcar la copa. La adoro. Y sé que muchxs de vosotrxs también.


domingo, 30 de octubre de 2011

Patricia con Madrid al fondo

Quiso acompañarme a Madrid. Tenía el morboso deseo de conocer de primera mano los comentarios tras su paso por Autorretrato con mar al fondo. Y doy fe de que ha regresado totalmente eufórica.
—¿Qué te ha parecido el encuentro madrileño? —le pregunto sonriendo.
—Inolvidable ¡Gracias, Madrid!
—Tienes razón. Debemos dar millones de gracias a las innumerables personas que se acercaron a Berkana, algunas desde muy lejos, para conocernos y envolvernos con su cariño. Nos sentimos maravillosamente arropadas. Además de contar con una presentadora de lujo, la periodista Eva Orue.
—Y fue un placer poder hacerlo en ese emblemático lugar que se despide mañana para abrir el día 1 en el local de al lado.
—Efectivamente, fue un magnífico regalo que Mili, Mar, Nieves… hicieran coincidir la presentación de Autorretrato con su fiesta de despedida. ¡Y qué mojitos…!
Ahí va nuestro particular agradecimiento, elaborado por una interesante persona que muchxs conocéis: Mª José. Un video que pretende congelar el recuerdo en nuestra retina.
Va por vosotras, mujeres emprendedoras de Librería Berkana, con el convencimiento de que convertiréis el local de Hortaleza 62 en el nuevo lugar de referencia para los amantes de nuestra literatura.


—Por cierto, Patricia, ya no nos podemos escapar. Autorretrato con mar al fondo está en la calle y hay mucha gente que sabe lo que acontece entre sus páginas —le digo con cierta sonrisa cómplice.
—Desde luego. Ya no hay marcha atrás —contesta cruzando esas interminables piernas que todxs conocéis.
La expresión entre divertida y picante de sus ojos es algo que no deberíais perderos.
—Después de todo, la aventura no ha resultado tan desagradable…
—Bueno, tú siempre aderezas los sinsabores con un buen aliño.
Su expresión en este momento es abiertamente provocadora. Cambio el tercio, resultaría demasiado fácil caer en su embrujo.
—¿Te han sorprendido los comentarios?
—Bastante.
—No ha sido una aventura fácil. Creo que está ocurriendo justo lo que imaginaba. Hay personas que se han apasionado totalmente con la historia y otras que se han sentido descolocadas.
—Lo que está claro es que Autorretrato con mar al fondo no puede dejarte indiferente.
—Justo lo mismo que sucede contigo…—le digo con una sonrisa malvada.
Vosotrxs sabéis a qué me refiero…¿o no?

Para todxs lxs que disfrutasteis con nosotras el sábado 22 de octubre en Madrid, y para lxs que no pudisteis venir, aquí os dejamos una pequeña muestra del calor que nos rodeó ese día. Gracias.
Os espero el día 18 de noviembre en Valencia…


miércoles, 31 de agosto de 2011

A flor de piel

La brisa nos deja en el paladar un regusto a sal, a verano agonizante, a sueños por adquirir. Una pareja que conocéis muy bien ha venido a compartir esta noche con nosotrxs; Mel contempla a Carla en silencio, siguiendo el recorrido de una mano que se adelanta hacia la mesa para alcanzar el Beso de Luna y acercarlo a su boca. La mirada se pierde en el interior lechoso del cóctel, y Carla tarda unos segundos en despegar los labios del combinado. Ha hecho desaparecer una buena parte de un sorbo. Mantiene la copa entre los dedos, jugueteando nerviosa con la base, y sus ojos no se despegan del trazo sinuoso que ha dejado el líquido sobre la superficie de cristal. Algo oculto está electrizando el aire. Mel respeta su silencio.

—¿Cómo estás?—le pregunto, forzando a que estalle la tensión.

Parece que lo he conseguido. Carla levanta la vista el tiempo justo para agredirme con las emociones que saturan su cerebro. Se pone en pie bruscamente, derramando involuntariamente el resto de su Beso de Luna, y se aleja de la mesa a grandes zancadas.

—Lo siento —dice con un hilo de voz antes de desaparecer hacia el fondo de la terraza que se asoma al mar.

Mel me mira, aprieta los labios en un gesto de disculpa y va tras ella.

A cierta distancia contemplo la escena. Carla se estremece como si un viento frío repentino se apropiara de su cuerpo. Mel se aproxima y roza su espalda apenas con la punta de los dedos, pero ese contacto parece haber sido suficiente para desatar el nudo, ya que ella se aferra a su cuello y rompe a llorar. Mel la abraza, la arrulla, la calma con sus labios y sonrío al contemplar cómo la boca de Carla la busca…

No sabéis lo que os espera en Autorretrato con mar al fondo.

martes, 23 de agosto de 2011

Hoy el Beso de Luna rezuma carácter




Cualquiera en mi lugar se sentiría intimidado. Las dos mujeres que me observan —más bien diría que me traspasan— desde el otro lado de la mesa ostentan la misma mirada incandescente, ígnea, mezcla de sabiduría y pasión. Tienen mucho en común: son imbatibles, luchadoras… y poderosamente atractivas. Álex, la primera de ellas, ya la conocéis. Puro genio, lengua acerada y corazón de algodón. Para saber más de la otra tendréis que esperar un tiempo. Pertenece a la misma generación que Álex, una generación que tuvo que salir a flote por sus propios medios y abrirse camino a mordiscos, a contracorriente, hasta conseguir sus metas.

—Estoy encantada de que estéis aquí. Tengo la impresión de que una energía común fluye entre vosotras —les digo para abrir boca.

Álex mira a su acompañante, quizás buscando confirmación en sus ojos ávidos y luego me contesta.

—¿Tanto se nota? Diría que hemos descubierto multitud de cosas que nos unen. En cuanto nos olimos mutuamente nos reconocimos. Con su escaso español y mis pequeños flirteos con el italiano hemos conseguido una sintonía verdaderamente peculiar.

—Il mio spagnolo è terribile. Ma lei conosce la mia risposta.

Sonrío admirada ante los matices elegantes pero firmes de su voz. Ahora sé realmente lo que ha querido decir Álex. Sin embargo ella continúa.

—Nunca lo hemos hablado, pero creo que las dos estamos de acuerdo en que la primera vez que se cruzaron nuestras miradas sentimos admiración y respeto mutuos.

—Con esas premisas os vaticino una relación larga e intensa. Imagino que Marcello…

—Mejor le preguntas a él — me contesta, haciendo surgir un destello indescifrable en sus ojos oscuros.

No puedo decir más. Autorretrato con mar al fondo pugna por salir…

lunes, 15 de agosto de 2011

Mel y la invitada sorpresa

Me encantaría que contemplarais los destellos dorados que arranca la luz de los velones al iris ambarino de Mel mientras me regala una de sus sonrisas más irónicas. Es la consecuencia de un comentario que acabo de hacer.
—Veo que has traído a una amiga.
—Sí, estoy encantada. Ya te encargarás tú de dar las explicaciones oportunas a Carla —me dice con una mirada cargada de maldad.
—No te preocupes, ya se lo contaré mañana —contesto riéndome.
—Eso espero, porque en cuanto se entere… Ya sabes de quién ha heredado el genio.
Y cierta razón tiene. La he puesto en una situación bastante comprometida. Su acompañante se la come con los ojos mientras saborea despacio su Beso de Luna. No puedo reprochárselo. Mel está esta noche especialmente atractiva. Los reflejos rubios de su pelo son casi platino debido a los efectos del sol, lo que todavía resalta más su bronceado profundo que deja en primer plano unos dientes blanquísimos.
—Bueno, tú siempre has sabido templarla a la perfección.
—Pero tú te empeñas en despertar a la bestia…
—No me negarás que, de alguna forma, en ello reside parte de su atractivo.
—Pues a mí me gustaría que de vez en cuando me dejaras vivir un poco más… relajada.
—Te aburrirías.
Sólo puedo deciros que nuestra agregada sorpresa ronda los veinte, lleva cuatro pearcing en su oreja izquierda y por lo que he podido vislumbrar —puesto que ella se encarga de exhibirlo en cuanta ocasión se presenta—, otro en la lengua. Por su actitud y su mirada adivino que estamos ante la mujer con la desfachatez más grande que he visto en mi vida. Aunque si nos centramos en su físico parece un angelito, con una delgadez frágil y ojos de un azul tan vivo que nos recuerdan a alguien… Pero no os dejéis engañar. Esta jovencita con corte de pelo irregular y pose provocadora va a intentar llevarse el gato al agua en Autorretrato con mar al fondo. O mejor dicho, la gata… Para saber si lo conseguirá o no, deberéis esperar tan solo unos días. Está al caer…