Me encantaría que contemplarais los destellos dorados que arranca la luz de los velones al iris ambarino de Mel mientras me regala una de sus sonrisas más irónicas. Es la consecuencia de un comentario que acabo de hacer.
—Veo que has traído a una amiga.
—Sí, estoy encantada. Ya te encargarás tú de dar las explicaciones oportunas a Carla —me dice con una mirada cargada de maldad.
—No te preocupes, ya se lo contaré mañana —contesto riéndome.
—Eso espero, porque en cuanto se entere… Ya sabes de quién ha heredado el genio.
Y cierta razón tiene. La he puesto en una situación bastante comprometida. Su acompañante se la come con los ojos mientras saborea despacio su Beso de Luna. No puedo reprochárselo. Mel está esta noche especialmente atractiva. Los reflejos rubios de su pelo son casi platino debido a los efectos del sol, lo que todavía resalta más su bronceado profundo que deja en primer plano unos dientes blanquísimos.
—Bueno, tú siempre has sabido templarla a la perfección.
—Pero tú te empeñas en despertar a la bestia…
—No me negarás que, de alguna forma, en ello reside parte de su atractivo.
—Pues a mí me gustaría que de vez en cuando me dejaras vivir un poco más… relajada.
—Te aburrirías.
Sólo puedo deciros que nuestra agregada sorpresa ronda los veinte, lleva cuatro pearcing en su oreja izquierda y por lo que he podido vislumbrar —puesto que ella se encarga de exhibirlo en cuanta ocasión se presenta—, otro en la lengua. Por su actitud y su mirada adivino que estamos ante la mujer con la desfachatez más grande que he visto en mi vida. Aunque si nos centramos en su físico parece un angelito, con una delgadez frágil y ojos de un azul tan vivo que nos recuerdan a alguien… Pero no os dejéis engañar. Esta jovencita con corte de pelo irregular y pose provocadora va a intentar llevarse el gato al agua en Autorretrato con mar al fondo. O mejor dicho, la gata… Para saber si lo conseguirá o no, deberéis esperar tan solo unos días. Está al caer…














