lunes, 9 de enero de 2017

El antídoto contra el olvido

Victoria y yo caminamos lentamente, sin rumbo fijo, con la vista clavada en el empedrado que cimbrea entre las pérgolas del Beso de Luna. A pesar de la baja temperatura, hoy me ha pedido que paseemos. No puede estar quieta.
Levanta las solapas de su abrigo y rápidamente mete las manos en los bolsillos. Al constatar la nubecilla de vaho que sale de nuestros labios, una sacudida de frío se nos mete en los huesos.
Oigo su silencio, escucho la decisión en cada paso que da.
—¿Qué hace que dos personas que viven circunstancias tan distintas se atraigan de una forma irremediable? —le pregunto.
—No lo sé… ¿El destino? Dímelo tú.
Victoria suspira y descubro en sus pupilas todo lo que no cuenta. Me observa fijamente, dejándome entrar en ese mundo que lleva grabado en la retina. Ese mundo que, a pesar de lo imposible, la llama, la absorbe, se la queda.
Veo a Gerda, sentada ante una mesa del Ideal Room, con su cámara colgada al cuello y una sonrisa magnética que no aventura los sinsabores de la primera línea del frente.
Diviso a Ted, que la contempla con una mezcla de devoción y timidez, para acabar centrando su atención en la noticia que redacta en un papel.
Recorro la calle de la Paz; una calle tomada por el hormiguero frenético que intenta vivir a espaldas de la guerra.
Oigo el estruendo, huelo el miedo.
Pero, sobre todo, veo a Daniela, con sus ojos oscuros repletos de añoranza, de hambre, de pasión. La observo canturrear por la cocina mientras va removiendo el guiso que está al fuego. Se acerca de repente al pequeño Miguel, que dormita en un capazo junto a ella y le acaricia con los labios la frente, apenas rozándola para no despertarlo.
Victoria sabe que lo sé.
Por eso sonríe cuando saca la mano del bolsillo y me muestra un objetivo nuevo, sin estrenar, para su Leica. Un objetivo que ahora la acompaña allá donde va, como un amuleto, como un seguro que la ancla a la realidad, como un certero pasaje de vuelta.
Mis noches en el Ideal Room es un antídoto contra el olvido.

¿Os atrevéis a beberlo?

4 comentarios:

Mayka Marti dijo...

Me tienes mordiéndome las uñas ;) Es alucinante como te superas. Salud y mucho éxito!!!!!!

Mila Martínez dijo...

¡Muchísimas gracias, Mayka! Un beso enorme.

Anónimo dijo...

Me ha encantado sumergirme en esta magnética historia, aunque debo decir que no esperaba menos de ti.
Siempre que leo un libro tuyo me transportas y me haces sentir que una parte de mi esta ahí.
Felicidades por tu trabajo, te doy las gracias por ponerle banda sonora a mi vida.

Mila Martínez dijo...

Gracias miles, persona anónima, por tus maravillosas palabras. La encantada soy yo por haber conseguido arrebatarte esos sentimientos.
Un abrazo.