domingo, 27 de octubre de 2013

Alejandra y La daga fenicia


Contemplo embelesada ese par de faros que son sus ojos oscuros, limpios, sin duda heredados de Carla y de su abuela. No puedo ignorar que su mirada inocente encierra mucha sabiduría. Ella sabe cosas que los demás ni siquiera nos atrevemos a intuir. Sentada sobre las rodillas de Mel, no deja de observarme mientras sorbe con fruición un batido de fresa.
—Cuando habéis entrado se ha armado un buen revuelo en El Beso de Luna —digo mirando a Carla, acomodada junto a ellas.

—Sí, todas las chicas se han acercado a besarla —responde con la cara iluminada de ternura. Sus ojos muestran un brillo especial y le otorgan un plus de belleza.
Y es que eso es lo que rezuma de nosotrxs cuando la tenemos cerca: ternura. Alejandra, con poco más de tres años, nos ha robado el corazón desde que se dio a conocer en el vientre de su madre.
—¡Por cierto, qué nervios! —exclama Mel.
—Desde luego. La última aventura, La daga fenicia, está ya en la calle y es hora de saber qué piensan nuestrxs lectorxs. ¿Cómo os encontráis vosotras después de todo lo que ha ocurrido?
—Ha sido una experiencia muy desconcertante. De hecho, todavía nos hacemos multitud de preguntas —interviene Carla.
—Hubiéramos querido conocer a fondo cada detalle pero, como siempre, te has reservado los secretos más interesantes. Aunque tú tienes las riendas y lo entiendo —me acusa Mel con una sonrisa socarrona.
Nuestra amiga de ojos ambarinos intenta provocarme sabiendo que el juego me estimula. Sin embargo, yo evito caer en su trampa.
—Os lo contaría todo si pudiera, pero debo protegeros.
—¿Hasta cuándo viviremos en esa incertidumbre?
—No lo sé. Puede que algún día no muy lejano lo sepáis todo. Me lo estoy planteando.
—Nos gustaría —replica Carla. Su mirada hiere como la propia daga.
—Lo comprendo. ¿Vais a venir a Barcelona conmigo?
—Por supuesto. Ya hemos reservado el hotel. Vamos todos. No nos perderíamos la entrega de ese premio por nada del mundo.
—Lo cierto es que vais a todas partes conmigo y me encanta.
—No te librarás de nosotras tan fácilmente —señala Mel, guiñándome un ojo con un gesto muy seductor.
—Ni lo intentaría —respondo con una sonrisa cómplice.
En ese preciso momento, la niña se escapa de los brazos de su madre para acercarse a mí y susurrarme algo al oído.
—No te preocupes, esta aventura les va a encantar —me dice con esa vocecita que invita a estrecharla contra el pecho. Y eso hago.
Ojalá la percepción extraordinaria de este ángel enviado para engatusarnos sea la correcta. Hasta ahora nunca ha fallado. Pronto lo sabremos.


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy bonita la portada.Estoy súper intrigado....;)
Un Beso.
Tu Fisio.

Mila Martínez dijo...

Pronto se desvelará el misterio... y surgirán otros. Besos, mi fisio.