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martes, 19 de febrero de 2019

Ni un paso atrás


Estoy furiosa.
Iduna, desde su larga experiencia vital, me pide que me tranquilice. He visto muchas cosas, Patricia. Lo resolveremos.
Pero yo no me calmo. No soy capaz de entender, ni mucho menos de consentir, el paso atrás que se vaticina.
No cabe un paso atrás en el derecho de las mujeres a la igualdad.
No cabe un paso atrás en la seguridad física y psíquica de las mujeres.
No cabe un paso atrás en el derecho a decidir sobre el propio cuerpo y la propia identidad.
No cabe un paso atrás en los derechos de las personas LGTBI
No cabe un paso atrás en el derecho a una sanidad y educación públicas al alcance de todas las personas.
No cabe un paso atrás en el derecho a un salario digno, a unas pensiones dignas, a una vivienda digna.
No cabe un paso atrás en la atención a la dependencia.
No cabe un paso atrás en el respeto a los derechos fundamentales de las personas, esos derechos que solo garantizan las formaciones que no se posicionan en un bloque de derechas cada vez más reaccionario; un bloque que todxs sabemos quién lo constituye. No hace falta dar nombres.
¿Qué podríamos hacer?
Muchísimo. De hecho, solo está en nuestra mano.
Que no falte un voto en las urnas de aquellas personas que, como yo, piensan que es indispensable respetar los derechos humanos. Que vuestros votos se alejen del bloque terroríficamente reaccionario; del bloque que quiere retrotraer la convivencia a los oscuros días de la dictadura.
NI UN PASO ATRÁS.

sábado, 26 de enero de 2019

¿Qué encontramos en Regreso a Eterna?


¿Qué pensamientos surgen al entrar en contacto con Regreso a Eterna?

No des por hecho que lo que no se ve no existe. No descartes lo que no entiendes. La felicidad reside en una miríada de pequeñas situaciones ordinarias y en unas pocas extraordinarias.

Las segundas oportunidades no suelen funcionar. No obstante, cuando lo hacen, nos sorprende la capacidad de las personas para cambiar, para convertirse en una mejor versión de sí mismas.

Rodéate de buenas personas amigas: son la familia que tú eliges.

Entre el Bien absoluto y el Mal absoluto existe un espectro amplio que conforma el alma de cada persona.

Puedes alcanzar tu destino mejorando el mundo o empeorándolo. Tú construyes el camino.

La mujer es un ser maravilloso que encierra fuerza, inteligencia, sacrificio, empatía, belleza, sensibilidad. La magia obra el equilibrio.

martes, 30 de octubre de 2018

El destino te encuentra


El tesón. Siempre he pensado que el tesón, la perseverancia y la voluntad me llevarían a conseguir mis metas. Aunque sé que también es necesario un poco de suerte, o un poco de magia, según se mire. Así sucedió con Ronda. No me rendí, la busqué; la busqué hasta dar con ella.
Estaba convencida de que podría aplicar la misma fórmula con Noe. ¡Qué ilusa fui! Creí que mi cabezonería lograría cazarla. Y me lancé, arrastrando a Ronda conmigo.
Sin embargo, por mucho que persigas algo, no lo alcanzarás hasta que la vida lo consienta, cuando sea el momento preciso. Así es. En el instante oportuno, el destino te encuentra.
Te encuentra, te arrolla, te sorprende y te vuelve del revés.
¿Y después?
Después te das cuenta de que nada es como te imaginabas. Y no quiero decir con esto que vaya a ser necesariamente peor, pero sí sorprendente, inesperado, catártico, revolucionario.
Maravillosamente revolucionario.
Regreso a Eterna os espera el 16 de noviembre en Madrid. Acudid a la cita. No os arrepentiréis.
Palabra de Samoa.

jueves, 30 de agosto de 2018

Norma. Del pánico al éxtasis. Y vuelta a empezar.


Lo siento entre mis dedos y no puedo dejar de dar vueltas. Camino desde el salón a la cocina, voy al dormitorio, regreso, contemplo el mar desde la terraza.
Mi mano rodea el vial, temerosa de dejarlo caer, con horror a que me lo arrebaten, aterrorizada de perderlo. Lo aprieto tanto que puedo romperlo.
Respiro.
Debo relajarme.
Pienso en ella. No quiero, pero la pienso.
Si doy este paso no habrá vuelta atrás. Siento el corazón en la garganta, batiendo con fuerza, avisándome del peligro, anhelando que la interminable espera acabe.
Voy a ir. Ella estará allí. Voy a verla de nuevo y no sé cuál va a ser su reacción. Ni la de las demás. Es posible que todo salga mal. Quizás todo termine para siempre.
Pero debo ir.
Estoy en el coche. El vial, a mi lado, en sitio seguro.
El viento en el pelo y las pulsaciones en los oídos.
“Su destino está a cien metros”, me informa la irreal voz del navegador.
Estoy llegando.

#REGRESOAETERNA

martes, 3 de julio de 2018

Ella sabe



¿Qué hemos de hacer? Educar no es fácil, pero si se trata de Alejandra, nuestra hija de cinco años, entonces la labor se convierte en una montaña rusa desconcertante.
A veces la miro y me pregunto qué puedo enseñarle si ella parece saber más que yo.
Porque Alejandra sabe.
Me mira con los mismos ojos avellanados de su madre y me pregunto qué piensa. Aunque casi prefiero no saberlo. Prefiero ignorar qué mundos visita, que seres invisibles le dictan el destino, qué clase de luz ilumina su sabiduría.
La adoro y la temo por igual.
Temo las afirmaciones inesperadas que salen de su boca, esos avisos que nunca son gratuitos, que siempre te sacan de la rutina a empujones.
El destino quiso que en algún momento de su gestación se rasgara el velo de Isis y ella aprovechó ese resquicio para ver más allá de lo común.
Nunca ha dejado de hacerlo.
¿Cómo podrá vivir con ese peso? ¿Cómo vamos a protegerla de las gentes hambrientas de futuro?
Quizás no deba preocuparme.
Quizás ella sepa.
Me mira. 
Me estremezco.
Ella sabe.
Regreso a Eterna.


miércoles, 2 de mayo de 2018

Patasarriba



Patasarriba. Así te deja la vida cuando menos lo esperas.
Te relajas, dejas de estar atenta a las pequeñas cosas, a los detalles más nimios; das por hecho que mañana te levantarás, te ducharás, desayunarás y te irás a trabajar después de haberle dado un beso a tu mujer. Tienes tan claro que todo seguirá igual…

Ilusa.

Tenías que haber abierto los ojos y mirado más.

Agarrado la vida con los dientes.

Hecho el amor por instinto.

Herido la piel a golpe de suspiros.

Asesinado la rutina.

Descuartizado el reloj.

Mordido el alma.

¿Habrá una segunda oportunidad?

Regreso a Eterna te lo cuenta.

Tras el verano.

domingo, 4 de marzo de 2018

Iduna, eternamente frágil


Ya no estoy segura de nada. Mis férreas convicciones se vinieron abajo como un castillo de naipes al soplo de tus labios. Creí tenerlo todo atado y resultó que mis cuerdas mostraban la fragilidad de la tela de araña: una trampa envolvente, aunque fácil de arruinar.
Tú me lo mostraste, tú derrumbaste los muros del castillo levantado sobre espuma.
Y ahora que mis ojos están por fin abiertos, ahora que ha llegado el momento crucial, que me atrevo a pensar en dar el paso, la burla del destino descarga un golpe certero y decide por mí.
Qué vana ilusión la del poder del tiempo en un mundo insaciable. La ambición se devora a sí misma. ¡Hay tanto por hacer!
Démonos la mano. Sabremos qué camino tomar.
Regreso a Eterna.

domingo, 11 de febrero de 2018

Soy Norma


Soy Norma, aunque no siempre lo fui. Viví mucho tiempo bajo un nombre enhebrado con mentiras, medias verdades y derrotas disfrazadas de laureles. 
Tracé un camino ciego pensado para la gloria, haciendo oídos sordos a lo que crujía bajo mis pies. No eran hojas secas arrastradas por el viento. Caminaba sobre las almas como sobre la arena cálida de la playa, dejando atrás un rastro de dolor y olvidos.
No siempre fui Norma. 
Ignoraba que las huellas de mis pasos iban tatuando una señal gemela en mi piel; un vestigio silencioso que iba calando hondo, atravesando células, huesos y tendones hasta llegar a mi garganta.
Cuando ya no pude respirar, desperté de este mal sueño. Ahora soy otra.
Quizás sea demasiado tarde. O tal vez no. Lo único que sé es que voy a redimir cada daño infligido ofreciéndome desnuda, entregándolo todo. Estoy dispuesta.
Ojalá ella me escuche. Ojalá lo sepa.
Regreso a Eterna.

domingo, 7 de enero de 2018

Soy Patricia. Y no quiero decidir.

Decisiones. ¿Por qué la vida está llena de decisiones? Quisiera quedarme aquí, con los ojos cerrados, notando el calor del sol en la cara, sintiendo este aroma a mar que me acerca la brisa.
Y no pensar. No quiero pensar.
Solo quiero disfrutar del placer que me otorga esta copa de vino que tengo en la mano. Y del silencio. Bendito silencio. No puedo permitirme volver a oír su voz. ¿Es mucho pedir?
No quiero recordar. ¿Por qué me obligan a recordar?
No quiero la responsabilidad de la vida de nadie entre mis manos. No puedo erigirme en heroína a costa de tanto. 
¿Por qué yo?
Solo deseo estar aquí, callada, sin acordarme de sus ojos, sin notar de nuevo su olor, que no me deja pensar en nada más.
Quiero quedarme aquí, sola, tranquila.
Me acojo al derecho a no decidir. Estoy harta de hacerlo. ¿Puedo no hacerlo? ¿Puedo seguir aquí, sentada, con mi copa en la mano, la brisa en el rostro y la mente inundada de ella?
No, por supuesto que no. Ya lo sé. No soy capaz de decepcionar a nadie.
Ya he llegado tarde para la paz, tarde para el olvido.
Me muero de ausencia.

Regreso a Eterna.

miércoles, 6 de diciembre de 2017

Mi nombre es Gea. Y no quiero morir


Mi nombre es Gea. Y no quiero morir. Cada una de mis células está luchando contra el tiempo, a contrarreloj. Escucho sus latidos acelerados, agónicos, mientras contemplo los muros de piedra que se elevan hasta el infinito.
El sol. Esta mañana han entrado unos rayos débiles, titubeantes, derramando sombras alargadas. Ayer llovía.
Hace frío. Antes nunca tenía frío. 
Frío en la piel y frío por dentro. 
El frío de la abstinencia. El frío de su ausencia.
La desconfianza me salvó la vida, pero no era vida.
Hoy, que confío, me quedo sin tiempo.
Mis horas se reducen a esperar. Tengo la esperanza de que hoy venga, de que me diga otra vez que está a punto de lograrlo. 
Ya me da igual. 
Deseo que me toque, que me toque con sus ojos cargados de realidades distintas a lo que anuncian sus palabras. No dejo que me toque de otro modo. No podría soportar su compasión.
Pero necesito que siga tocándome así, con sus ojos; sus ojos que gritan la necesidad de volver a tenerme con mi rabia intacta, de volver a comerse la furia de mi cuerpo, de volver a saciarse con mi dulzura oculta. Ella,  la única que supo sacarla a la luz. 
Y ahora, no me queda tiempo.

Mi nombre es Gea. Y no quiero morir.
Regreso a Eterna.

miércoles, 20 de septiembre de 2017

Hilda y Hebe



No creáis que ha sido fácil concertar esta cita. Lograr que dos mujeres excepcionales abandonen Eterna para acudir al Beso de Luna y que, además, vengan a contarnos algunos secretos, creedme, no sucede todos los días. No obstante, he conseguido arrancarlas de sus responsabilidades, de sus escarceos en el lago, de sus escaladas temerarias, del escurridizo sweetball
Hilda y Hebe, pareja declarada, están aquí.
—Os agradezco muchísimo que hayáis venido. Ya sé que cada vez que salís de la ciudad aumentan los riesgos de que os descubran, de no poder regresar…
Hebe, la mujer de rasgos exóticos — mitad indios, mitad orientales—, juguetea con su copa de vino mientras piensa en lo que ha de responder.
—Bueno, en realidad han cambiado algunas cosas…
—¿Algunas cosas? ¡Ha habido una auténtica revolución en nuestra vida! —se adelanta Hilda, la valkiria rubia de ojos cristalinos.
—¿Solo en vuestra vida? —me aventuro a preguntar.
—No, en la nuestra y prácticamente en la de todas las ciudadanas. Me atrevería a decir que incluso en el resto del mundo. Lo que ha ocurrido en Regreso a Eterna va a influir en mucha gente —responde Hebe, apartando la melena oscura de su cara con la mano.
—Como dirían en La guerra de las Galaxias, ha habido una conmoción en la fuerza —ríe Hilda.
—Y a vosotras os ha pillado de pleno.
—Podía haber sido peor —declara Hebe.
—Digamos que hemos pasado momentos complicados, pero también muy excitantes. Han ocurrido muchísimas cosas que me encantaría compartir, pero ya sabes que no puedo, así que solo voy a decir que esta aventura va a ser difícil de olvidar —interviene Hilda.
—No puedes revelar datos concretos de esta historia, pero si podrías dar una pista, hacer un guiño, algo que pueda resumirse en una sola palabra. ¿Qué te parece?
—¿Una sola palabra? —pregunta Hebe entrecerrando los ojos.
—¡Gubla! —suelta Hilda sin pensar.
—Gubla… perfecto. ¿Y tú qué dices, Hebe? ¿Cuál sería la tuya?
—Norma.
—Comprendo.
Las dos observan su copa y una chispa telepática provoca que la apuren al unísono de un solo trago. Yo las miro y sonrío.
Gubla y Norma.
¿Cuál será la primera palabra que os venga a la mente cuando leáis Regreso a Eterna? Con el tiempo la descubriréis y os pediré que la compartáis conmigo.

miércoles, 9 de agosto de 2017

De nuevo, Iduna

Como corresponde a las tórridas noches de agosto, el perfume afrodisíaco de los jazmines ejerce su influjo sobre la multitud de almas que buscan el abrazo del Beso de Luna; almas que huyen del encierro de las paredes, del encierro de las rutinas, del encierro de su soledad.
Un revuelo repentino me hace unirme a las decenas de ojos que se giran, atónitos, hacia la entrada del local.
Sé que ella está aquí.
En cuanto mi vista la alcanza, comprendo la conmoción que ha sacudido el Beso de Luna como si de un seísmo se tratara. La recién llegada mueve sus líneas perfectas embutida en un traje de motorista a modo de segunda piel. En lo alto de su más de metro noventa de estatura, la melena del color del fuego ondea al ritmo de la brisa , dejando entrever unos ojos grises únicos, moteados de verde y ámbar.
Iduna.
Empiezo a creer que un radar misterioso guía sus pasos, ya que avanza directa hacia el reservado en el que estoy esperándola.
—Gracias por venir —le digo poniéndome en pie.
Iduna se inclina lo necesario para besarme en la mejilla, haciéndome partícipe de su olor inconfundible a bosque, a lluvia, a peligro.
No es de extrañar que quien la ha conocido no pueda quitársela de la cabeza.
Su mirada analiza, atraviesa, seduce, incomoda.
Le ofrezco una copa de vino blanco fermentado en barrica. Sé que le gusta.
—Te has acordado —me dice saboreando un primer sorbo fresco y aromático.
Siempre me sorprende la cadencia sensual de su voz. No llego a acostumbrarme.
—Por supuesto —respondo, bebiendo de la mía—. ¿Cómo estás?
—Buena pregunta. Y difícil de responder.
—Inténtalo.
—Podría decir que más feliz que nunca y, al mismo tiempo, decididamente triste. Y preocupada.
—¿Por el futuro?
—Sobre todo.
—¿Cómo lo ves?
—Imprevisible.
—Eso es algo que odias, supongo.
—Sabes que me gusta controlarlo todo.
—Y ahora se te ha descontrolado…
—Absolutamente.
Esta vez apura la copa hasta el fondo.
¿Qué puede estar preocupando a Iduna?

Regreso a Eterna, la continuación de La daga fenicia,  nos lo contará, pero habrá que esperar un poco…