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viernes, 24 de julio de 2015

Mel y Carla, pareja inmortal



Las tres miramos fascinadas al cielo. Resguardadas bajo la tela de nuestra pérgola, nos ha pillado de improviso una de las tormentas más beligerantes del verano. Los rayos encienden la noche haciéndonos perder la referencia horaria y observamos el vello erizado de nuestros brazos a causa de la electricidad que satura el aire. La brisa se vuelve viento y nos trae un exultante aroma a mar furioso que revuelve nuestras melenas como un niño juguetón. Contemplo la mirada embelesada de Mel hacia la playa. Tiene agarrada de la mano a Carla, que enarbola una seguridad ficticia. Yo sé que le asusta el sonido atronador que sigue a cada estallido de luminosidad. Lo sé por los nudillos blancos de esa mano que su pareja sostiene como si le fuera la vida en ello. En cambio a Mel le destella el ámbar en los ojos.
—¿Te encanta el mar así, verdad?—le pregunto, rellenando su copa con el excelente vino que nos han servido.
—Me fascina. En momentos de mi vida en que he tocado fondo me ha dado la fuerza que me faltaba. Es como si me recargara las pilas.
—Lo sé.
Carla la mira como si acabara de revelar un secreto. Los ojos oscuros, intensos, se posan en Mel con una mezcla de adoración y miedo.
—Cuántas cosas hay que todavía desconozco de ti…
—Espero que muchas. Y que dispongamos de mucho más tiempo para descubrirlas.
 —Lo cierto es que habéis vivido experiencias increíbles en estos seis años.
—Desde luego, y no todas buenas. Aunque creo que han servido para unirnos más —afirma Carla—. Lo que puedo asegurarte es que si no hubiera sido por Mel, por su valentía, su paciencia y su madurez, mi vida ahora carecería de sentido.
Es en ese instante cuando veo alzarse la burbuja que las aísla del mundo, cuando todo desaparece, incluida yo, para dejar a la vista ese amor desnudo, irremediable, acunado por la tormenta; ese amor que ha conducido a la tercera edición de No voy a disculparme.

Habéis convertido a Mel y Carla en una pareja inmortal. Gracias.

lunes, 22 de junio de 2015

Bendito solsticio



El solsticio de verano nos ha traído la mansedumbre de las horas muertas, los ojos entornados, suspendidos en un punto brillante sobre las olas. Los cócteles enfrían el ardor y vuelven el diálogo fluido. El Beso de Luna huele a mar, a jazmines, a pieles lubricadas tras la exposición solar. Pero este verano también nos perfuma de otras cosas; la brisa arrastra aroma a libertad, a esperanza, a orgullo.
Mel y Carla comparten una mirada cómplice que es la antesala de un beso.
Eva entrelaza firmemente sus dedos con los de María y ésta reposa los rizos en su hombro. 
Ante la balaustrada que aísla el local de la playa, Álex y Marcello, cogidos por la cintura, observan ensoñadores el reflejo de la luna en el agua negra. 
Iván y Fran se sientan muy juntos, muslo con muslo y elevan sus copas con una secreta promesa que solo ellos conocen.
Patricia mira su reloj una vez más y al levantar el rostro se encuentra de golpe con los ojos grises de Iduna. La sonrisa le nace sin pedir permiso. Dijo que vendría y lo ha cumplido. La pelirroja le tiende la mano, Patricia acepta el contacto con un estremecimiento. La otra tira de ella y se la lleva por el sendero empedrado hacia un destino incierto.
En un rincón apartado, encerradas en su burbuja candente, Victoria y Daniela se besan ajenas al mar, a la música, a los aromas y al febril tumulto de las pieles en ebullición.
Desde un punto privilegiado lo observo todo y el corazón se me dilata un poco más. Mi cerebro se llena de jazmín, de salitre, de besos susurrados, de deseo incontenido. De verano.
—Bendito solsticio —digo en voz alta antes de beber de mi copa.
Nadie escucha y me encanta.

miércoles, 29 de abril de 2015

Creemos un momento histórico

Esta noche me emociona. Hacía mucho tiempo que no las veía juntas. Las echaba de menos. 
Como si la naturaleza fuese consciente de este hecho, un embriagador perfume de azahar flota en cada rincón del Beso de Luna. Es un presagio excitante.
—¿Notas la fragancia, Mel?
—¡Imposible no hacerlo! Y eso que Carla no está cerca… Tengo todo el vello erizado.

—¡Como si la distancia fuese un problema! Esa hechicera sabe cómo llegar a ti aunque esté al otro lado del planeta —suelta Eva con sorna.
—¡Oye, que estás hablando de mi mujer! —protesta Mel lanzándole un posavasos.
—¡Sabes que es verdad! —se defiende Eva riéndose.
Victoria las observa sorprendida sin saber a ciencia cierta de qué están hablando.
—¡Haya paz! —interviene Patricia, sonriendo.
—¡Mira quién pide paz, la mayor lianta del grupo! —ataca Eva de nuevo.
—Pues tú bien que te apuntas a todo... —contraataca con sutileza Patricia.
Esta noche muestra un brillo excepcional en esos ojos color esmeralda que llevan a todo el mundo de calle. Me encantan las pullas que se lanzan todas cuando están juntas. Victoria no sabe cómo reaccionar. Todavía no las conoce. Le explico que es un juego que las divierte precisamente porque se adoran. Las dificultades, en lugar de haber establecido distancia entre ellas, han conseguido unir todavía más a la familia. Porque en eso se han convertido, en una familia.
La camarera nos trae uno de los mejores vinos de nuestra tierra, un tinto oloroso, profundo, que vierte miles de esencias al aire en cuanto roza la copa. Me adelanto levantando mi bebida. Hoy nos hemos reunido por algo. El momento está próximo.
—Por las buenas decisiones.
—Por un resultado esperanzador —añade Mel.
—Por el regreso de los ideales —interviene Victoria.
—Por la marcha de los sinvergüenzas. Que se vayan de una puñetera vez —afirma Eva exaltada.
—Por el cambio necesario —apunta Patricia.
—En definitiva, por un futuro que nos merecemos —digo zanjando el brindis.
Por fin me llevo el magnífico líquido a los labios y todas las esperanzas se entremezclan en el paladar como en el caldero de un alquimista. Leo en los ojos de mis amigas la confianza en una vida mejor que está a punto de llegar.
Todo depende de cada decisión, de cada voto.
Es tiempo de pensar. Es tiempo de actuar.

Creemos un momento histórico.

jueves, 10 de junio de 2010

Álex otra vez

Esta vez no me dejo sorprender y espero en nuestro rincón desde hace varios minutos. Me relajo envuelta en la música y las fragancias del local. Acaban de encender los velones y llega hasta mí el aroma de la cera mezclado con el olor a mar que me acerca la brisa. Todavía faltan diez minutos para mi encuentro con Álex. Y efectivamente, llega con antelación a la cita, regalándome una mirada extrañada desde sus ojos oscuros e intimidadores. — ¿Llego tarde? —me pregunta mirando su reloj. —En absoluto —le contesto con una sonrisa—. En esta ocasión he sido yo la que se ha anticipado. Como te conozco, no he querido que esperaras sola. Toma, prueba esto. Dejo resbalar por su copa un poco de vino. Álex, desconfiada, agarra la botella, saca de su bolso unas gafas de diseño que, por cierto, le dan un aspecto mucho más interesante, y se dispone a analizar de cerca la etiqueta. Convencida, por fin, vuelve a dejar el vino sobre la mesa mientras me lanza una sonrisa de aprobación, llevándose inmediatamente la copa a los labios. Esta vez he elegido Pago de los Balagueses-Syrah, de las bodegas Vegalfaro de Utiel. Un surtido de sabores a monte bajo, hinojo, frutas maduras, cereza, moras…se deslizan en la boca para disfrutarlos despacio. —Bueno, ¿de qué quieres que hablemos esta vez? —pregunta relamiéndose. —Podías contarnos cómo te ha sorprendido la vida en Tras la pared. —Realmente han ocurrido cosas que no me esperaba en absoluto…—contesta con un brillo especial en los ojos. —Y sobretodo cierto suceso que te negabas a creer. —Todavía no acabo de creérmelo, ¿sabes? Es tan extraordinario y emocionante… —Y la fuente de una nueva disputa con Mel… —La verdad es que, echando la vista atrás, he sido injusta con ella. Ahora sé por lo que debió pasar. — ¿Y tú cómo estás? ¿Te vas por fin con Marcello? — ¡Ahora ni pensarlo! No puedo dejar sola a Carla con todo esto… —Bueno, no creo que debamos aumentar el nerviosismo de l@s amig@s que están pendientes de nuestra entrevista, así que será mejor que dejemos de hablar de estas cosas—le digo riéndome. —No te preocupes por eso, les queda poquísimo para dejar de sufrir. Tras la pared está a punto de salir a la calle, ¿no? —En pocos días, aunque no creo que eso signifique que van a dejar de sufrir…—contesto sacando mi sonrisa más maliciosa. —Es cierto, alguna que otra va a morderse las uñas…—se ríe conmigo.

domingo, 16 de mayo de 2010

De nuevo Carla

A medida que pasa el tiempo su belleza se torna más espectacular si cabe. Hay algo nuevo en ella que pronto descubriremos, y que le otorga una madurez seductora. Le lleno la copa de un vino que sé que le encanta y se la lleva a los labios con sed, casi con deseo. Esta vez nos estamos regalando los sabores intensos y aromáticos de la fruta madura, del eucalipto, de las especias que encierra el Solar de Samaniego crianza 2005. Excelente vino de esa Cofradía de la rioja alavesa. Mientras observo a Carla cerrar los ojos y saborear con intensidad su copa, pienso que ya hace la temperatura adecuada en el Beso de Luna para empezar a descubrir en todos los ojos el placer del verano que se aproxima. —Parece que te gusta…—le digo con una sonrisa melosa. —Sabes cómo alegrarme el día — me contesta relajada y satisfecha. —Hace tiempo que la gente me pregunta por las nuevas aventuras en las que te vas a ver involucrada en Tras la pared. ¿Piensas que la espera valdrá la pena? —Por supuesto. Te las has arreglado para complicarme bien la vida… —me contesta con una sonrisa maliciosa. Sus ojos oscuros brillan con una fuerza aturdidora. —No te habrás enfadado conmigo… —Sabes que no puedo —dice seductora. — ¿Y con Mel? —le lanzo levantando una ceja. —Bastante, para que nos vamos a engañar… —Bueno, pero nada que no pueda arreglarse, imagino… —Tú lo sabes mejor que nadie —contesta con mirada cómplice. Una ráfaga de viento suave me trae su perfume, que sigue hiriendo como una llama encendida en el subconsciente. Bendito azahar…

miércoles, 5 de mayo de 2010

Personaje sorpresa

Tiene una forma grácil de caminar, como evitando hacer ruido. Aunque ella busca pasar desapercibida, es imposible no fijarse en su cuerpo menudo y bien formado, la piel acaramelada, la mirada limpia, los labios carnosos, el pelo negro azabache con algunos rizos que acarician apenas los hombros. Me besa con cierta timidez y se sienta frente a mí. — ¿Te atreves con una copa de vino? —Un poquito solo, que se me sube enseguida a la cabeza— me dice dulcemente exhibiendo cierta variación del tono de sus mejillas. Su voz es algo que no puede pasarse por alto: aterciopelada, sensual… Otro motivo que dificulta su objetivo de mantenerse en segundo plano. Lleno su copa y observo como se la lleva a los labios. Espero que le guste este Trilogía de la bodega Los Frailes, de Fontanars del Alforins. A mí me encanta su sabor a fruta madura con notas tostadas. —Siento que no podamos desvelar tu nombre, ni muchas otras cosas…—le digo regalándole una sonrisa. —Bueno, ya no falta tanto para que me conozcan... — ¿Te gusta tu participación en este segundo libro? —La verdad es que lo he pasado bastante mal y bastante bien, depende de cómo se mire —contesta sonrojándose intensamente. —Bueno, nuestros lectores juzgarán. No sé por qué, pero creo que vas a encandilar a más de una… Apurada, agarra su copa y vuelve a dar otro sorbo a su vino. Parece que le gusta, después de todo. —Lo que sí podemos revelar es que en esta segunda aventura tu vida dará un vuelco desde el principio y le pondrás las cosas muy difíciles a cierta amiga nuestra... —Pues sí... —me dice sonriendo. — ¿Piensas quedarte mucho tiempo entre nuestras amigas? — Creo que eso no debería contarlo ¿no? —Tienes razón, perdona —le digo riéndome. Es realmente encantadora y sexy, lo comprobaréis muy pronto. Tras la pared se publica en junio. Ya falta menos…

viernes, 16 de abril de 2010

Mel y Patricia

El fin de semana está cubriendo ya con su sabor el Beso de Luna. Se respira en las vibraciones del ambiente. Y no sé si os habéis dado cuenta de que es primavera. Aquí es imposible ignorarlo. El aroma del jazmín se introduce en nuestro cerebro acelerando las pulsaciones, iluminando los ojos con un brillo espectacular… El brillo que estoy admirando en estos momentos en dos pares de ojos embrujadores. —Hola chicas. Me encanta veros de nuevo por aquí. Nosotras somos las encantadas —responde Mel sonriendo seductora. —Mel tiene razón, esperamos siempre con ansia que nos cites aquí para algo, es muy estimulante —remarca Patricia con un destello pícaro en el sublime verde de su iris. —Un pajarito me ha dicho que estáis un poco nerviosas por las vicisitudes que la gente va a conocer en breve. —Es que queda tan poco… —dice Patricia echando su melena hacia atrás con un además nervioso. — ¿Te han dicho que se publica en junio, no? —pregunta Mel. —Eso parece. No os queda nada para que la gente sepa por lo que habéis tenido que pasar…—sonrío ahora con cierta maldad mientras bebo un sorbo de otro excelente vino valenciano: Falcata Casa Gran, de las Bodegas Pago Casa Gran de Moixent. El destacado sabor de la fruta negra madura con toques de regaliz revela la combinación de diversas variedades de uva mediterránea: garnacha tintorera, monastrell, shiraz… —No ha sido fácil —dice Mel saboreando su copa—. La verdad es que nos has puesto en una situación…que no me gustaría calificar. Ya verás cuando hables con Carla… —Y a mí podías haberme enviado un poco más lejos…—suelta Patricia con ironía sutil. —Bueno, no os quejéis, que no lo habéis pasado tan mal, después de todo —les contesto riéndome. —Eso lo tendrán que decidir nuestros lectores —replica Mel. —En breve lo sabremos. Por cierto, chicas, quisiera hacer un brindis. Es un día muy especial para dos amigas mías que se casan hoy. —Muy bien. Entonces, ¡por ellas! —exclama Patricia levantando su copa. El tintineo del cristal acompaña las sonrisas de las tres. Bebemos y nos deleitamos de nuevo con el elixir mágico de nuestras copas. —Nos volveremos a encontrar muy pronto para comentar lo que opina la gente de vuestra aventura, ¿qué os parece? —Esperaremos ansiosas, como siempre. Nos quedamos un poco más entre la intensidad del jazmín, el salitre del mar y el aroma de los velones que acaban de encender por doquier, para seguir comentando entre risas y reproches las experiencias que han tenido que sufrir nuestras amigas. Pero el contenido de esta conversación os está vetado por ahora... Pronto lo conoceréis. Tras la pared se publicará, si nada lo remedia, en junio. Sara y Ana Belén: ¡va por vosotras!

sábado, 10 de abril de 2010

Marcello

Él siempre llega antes. Tiene el aspecto de disponer de todo el tiempo del mundo... y probablemente sea cierto. Sentado entre almohadones blancos bajo los lienzos al viento que cubren la pérgola, tiene el aspecto de un galán salido directamente de La dolce vita de Fellini. Impecablemente vestido con pantalón blanco y polo azul marino a juego con sus cálidos ojos, Marcello tiene la apariencia de un hombre joven y atractivo, aunque sus sienes se mantengan nevadas desde hace tiempo… Se levanta en cuanto me ve, para eso es un caballero, y me coge la mano con suavidad para rozar sus labios en el dorso. — ¡Qué poca gente hace ya este gesto! —le digo mientras me aproximo para darle dos besos a mi estilo. —Ciao bellíssima! No he querido pedir nada porque sé que te gusta sorprendernos con algo excepcional. Me rio ante su comentario y me siento a su lado. —Tienes razón. He pedido un vino en honor a ti. Sé que tienes debilidad por el blanco ¿O me equivoco? —Tú nunca te equivocas con nosotros, cara —me dice con una sonrisa cómplice. —Hay mucha gente esperando saber cosas de ti. Por ejemplo ¿cómo conociste a Álex? — ¡Ah Álex…! ¡La maravillosa Álex! Fue el azar. —Nos tienes intrigados. —Fue uno de los primeros días que pasé aquí de vacaciones. Caminando por la calle la vi y me acerqué a preguntarle por una dirección. —Buena excusa… —No, es cierto. Estaba un poco perdido y buscaba el apartamento que había alquilado. Había salido a pasear y no acertaba a volver —se rió. En aquel momento interrumpió su historia la camarera aproximándose con la bandeja. Abrió la botella y sirvió a Marcello. —Pruébalo —le dije sonriendo, sabiendo de antemano que le iba a encantar. Se llevó la copa a la nariz, cerró los ojos y aspiró. —Tiene un aroma intenso, como a fruta fresca tropical y algo más…—me dice con los ojos brillantes de excitación. Acerca su copa a los labios y saborea el vino un instante. — ¡Fantástico! Vuelvo a reírme al observar su cara iluminada de admiración. La chica sirve el líquido amarillo con tintes verdosos en mi copa y puedo compartir también ese placer. Denso, untuoso, muy largo en boca. Impromptu, se llama. De bodegas Hispano-Suizas. —Nos estabas contando que te acercaste a Álex en la calle. ¿Te dio la dirección? —Sí, por cierto. — ¿Y? —Semejante belleza no la podía dejar escapar, así que la invité a tomar un café. — ¿Y aceptó? — ¡De ninguna manera! Pero yo ya averigüé que estaba en la puerta de su editorial, así que me hice el encontradizo varios días hasta que aceptó ese café. Y luego vinieron muchos más… —Imagino que no te sería fácil conquistarla… — ¡Cómo lo sabes! Es todo un carácter… —Veo que te gusta. — ¡Es la mujer de mi vida! — ¿Y qué tal con su hija? — ¿Carla? Un amor… y bellíssima como su madre. — ¿Vamos a conocer algún día esa magnífica casa que tienes en Italia? — ¡Ah, mi casa de Bracciano! Muy pronto, ya lo sabes, pero primero tendremos que descubrir algo Tras la pared… —Cierto, todo a su tiempo…

domingo, 4 de abril de 2010

Iván

Es un auténtico placer ver aproximarse a Iván con esa forma de andar casi felina. Sus expresivos ojos negros me miran sonrientes mientras se acerca para besarme. —Hola, guapo, ¿te apetece una copa de este vino o quieres otra cosa? —En cuestión de vino me fiaré siempre de tu criterio —me dice ofreciéndome su copa vacía para que le sirva— ¿Qué es? —Maduresa. Un vino serio, elegante. De las bodegas Celler del Roure. Te encantará—le contesto mientras lleno su copa—. Mantiene en perfecto equilibrio una mezcla de uvas excelentes: Syrah, Cabernet Sauvignon, Monastrell, Merlot y Petit Verdot. Y la sorpresa: tiene la virtud de haber recuperado una uva local prácticamente extinguida: Mandó. Lleva el líquido hasta sus labios carnosos y cierra los ojos un segundo. —Buenísimo, tienes razón. — ¿Y tú que nos vas a contar? — ¿Cuento lo básico? Soy de origen cubano, pero llevo más de ocho años aquí en España. Trabajo como fisioterapeuta y así es como conocí a Fran. Tengo treinta y dos años… Detiene la dulce cadencia de su acento para coger su copa y saborear otro sorbo de vino. — ¿Qué más quieres que cuente? Porque hasta ahora he pasado bastante desapercibido pero… —Ese “pero” lo puedes matizar, aunque solo un poquito, ¿eh? —Vale. Digamos que en un futuro voy a ser un poco más visible y que la gente se va a sorprender porque está acostumbrada a verme sosegado, dulce… —Sí, con ese cuerpazo puedes cambiar de registro, te irá bien—le digo riéndome. —Lo que pasa es que a Fran le gusto más así… — ¡A Fran le gustas de cualquier forma! Iván se ríe con un aire de timidez que aumenta su encanto personal. —Además creo que vamos a conocer de ti un secreto que hubieras preferido mantener guardado… —Bueno, no me gusta hablar de ello. Preferiría creer que ya no existe… Pero existe. Y lo conoceremos dentro de un tiempo, después de habernos asomado Tras la pared para aproximarnos a admirar un cuadro que nos va a llevar por el camino de la amargura, un Autorretrato con mar al fondo

domingo, 21 de marzo de 2010

Fiesta sorpresa

Nuestra cita de hoy, 22 de marzo, en el Beso de Luna se llama Patricia. Apenas me ha dado tiempo de acomodarme en nuestro rincón favorito cuando la veo aparecer con paso decidido y pienso que realmente es una mujer que no pasa desapercibida… Más de metro ochenta de estatura, larga melena rubia al viento, constitución fuerte y unos inmensos ojos verdes que desarman a cualquiera. Se acerca a mí, me besa y deposita en mis manos una cubitera con algo dentro. — ¿Y esto? —No has pedido aun, ¿verdad? —me dice provocadora. —No me has dado tiempo…—le contesto con una sonrisa. Dejo la cubitera sobre la mesa y observo gratamente sorprendida la botella en su interior. Se trata del Cava 24k de una bodega de Requena, Artesanos del Vino. Siguiendo la antigua tradición egipcia de introducir oro en los alimentos con el objetivo no solo de alargar la vida sino incluso de alcanzar la inmortalidad, esta bodega ha incluido en su cava polvo de oro de 24 quilates. Levanto los ojos de la botella y observo la cara divertida de Patricia. — ¿Pensabas que no nos íbamos a acordar? ¡Feliz cumpleaños! En aquel instante nuestra amiga se hace a un lado para dejarme ver el sendero por el que ya se acercan desfilando todos: uno a uno vienen hacia mí y me abrazan, me besan, me arropan. Aquí estoy, rodeada por Mel, Carla, Álex, Eva, Marcello, Fran, Iván, Patricia…y una persona más que todavía no puedo revelar… La camarera, que les venía siguiendo con una bandeja repleta de copas, hace los honores y descorcha la botella, sirviéndonos aquel elixir de vida. — ¡Por ti! —me reta Mel, con sus ojos dorados a juego con aquel brebaje extraordinario, dirigiendo su copa hacia mí. — ¡Por todos vosotros! —contesto a la vez levantando mi copa, mientras intento que no se note en mi voz la emoción que me atenaza la garganta. Saboreo el espectáculo: Eva con su sonrisa borde, María, a su lado, con sus cálidos ojos azules, Carla y Álex, derrochando la misma belleza mediterránea desde décadas distintas, Marcello, con su porte señorial y amable; Fran me mira con ojos de complicidad inteligente mientras su pareja, Iván, despliega una inmensa sonrisa blanca sobre un rostro moreno realmente atractivo. Y la otra persona, nuestra invitada aun secreta, de pie junto a Patricia, me lanza una mirada tímida y entrañable. Y entonces sí, entonces bebemos todos aquel elixir mágico que nos va a convertir en inmortales para siempre, saboreando las intensas notas de fruta con un final largo y persistente, como su objetivo…

domingo, 14 de marzo de 2010

María

La sensación que me provoca María mientras la observo acercarse a nuestro rincón es de ingravidez. Largos rizos castaños flotando al compás de sus pasos, camisola malva totalmente hippie bajo una chaqueta amplia de lana; pantalón ancho, suelto a la altura de la cadera… y una forma de caminar reposada, sensualmente envolvente. Luego despliega esa forma de mirar con sus ojos de un azul imposible y me quedo prendada de su paz para siempre. Nunca nadie diría que nació en 1964. Tiene un aire etéreo, como aterrizada directamente de los sesenta. Me levanto y me rodea con un abrazo que huele a coco y a canela. — ¿Qué tal?—me dice sonriente. —Esperándote impaciente. Sé que hay mucha gente que echaba de menos tu visita… Se acerca la camarera con una botella de Les Alcusses, vino de las bodegas de Celler del Roure, situada en la fructífera zona de Moixent en Valencia, y la deja en la mesa junto a dos copas. Lo disfruto a menudo porque tiene una personalidad propia formada por la unión equilibrada de uva de Monastrell, Syrah, Merlot, Cabernet Souvignon y Tempranillo. Ahí es nada. — ¿Te apetece otra cosa? —le pregunto mientras lleno su copa. —No, este vino me gusta —me contesta regalándome otra de sus sonrisas mientras se lleva la copa a los labios. Yo hago lo propio y me dejo llevar en un primer sorbo por los aromas de fruta madura con suaves notas de madera… Cierro los ojos, saboreando, y continúo. —No te voy a entretener mucho, porque sé que hoy tenéis una fiesta especial en vuestra casa… —Me encanta que me hayas invitado precisamente hoy. Lo tomaré como un regalo de cumpleaños. —Lo es. Felicidades cariño. De todas formas, sé que estabas estos días atrás bastante ocupada. —Sí, pero ¡ya lo he terminado! —La verdad es que tengo curiosidad por admirar cierto cuadro. Además sé que cuando la gente te conozca más, se morirá por verlo… —Imagino a qué cuadro te refieres y lo cierto es que tiene un significado muy importante para mí. —Para ti y para Eva… —Sí, sobre todo para ella. —Parece ser que nos reservas unas cuantas sorpresas para un futuro no muy lejano… —Sorpresas, disgustos, sustos… No querrás que siga… — ¡Ni se te ocurra! —Solo puedo adelantar que es un autorretrato. —Eso sí puedes contarlo. ¿Con mar al fondo? —Siempre. Autorretrato con mar al fondo. —Pero primero tendremos que adentrarnos Tras la pared. Dentro de muy poco. —Sí. Ahí nos esperan vivencias muy interesantes…—dice acompañando la frase con una sonrisa de lo más erótica. Observo como disfruta lentamente del vino, apura su copa sin prisa y sé que llega el momento de dejarla marchar. Debe asistir a su fiesta de cumpleaños.

jueves, 4 de marzo de 2010

Fran

No he tenido que esperar ni cinco minutos. Fran aparece sorteando la pérgola más cercana y va directo hacia mí. Me levanto de la mesa y nos abrazamos. Me regala su sonrisa más seductora y sus inteligentes ojos azules ríen también. Nos sentamos y señala mi copa. — ¿Qué vino disfrutamos esta tarde? —me pregunta. —Mira, lo voy a contar. Mucha gente me ha preguntado qué vino bebo habitualmente cuando quedo con vosotros. Acabo de decidir que a partir de ahora compartiré este dato para que todo el mundo pueda disfrutar del mismo placer. —Voy a por la camarera y le pido otra copa para mí. Se levanta ágil como un gamo y desaparece por el camino hacia la barra central. Fran posee una elasticidad natural que le otorga un aspecto muy juvenil, aunque su pelo rizado entrecano delata que nuestro amigo se acerca a los cincuenta… A los pocos minutos vuelve con una copa en una mano y una botella de vino en la otra. Las deja en la mesa y se sienta frente a mí. —Me ha dicho la chica que este es el vino que has pedido hoy y he hecho que me descorche una botella para llevármela puesta —se ríe. —Efectivamente —contesto cogiendo la botella para leer la etiqueta—. Se trata de un tinto fantástico de las Bodegas Hispano-Suizas. Se llama Bassus Pinot Noir, porque está elaborado con un 100% de esta uva. Para quien le pueda interesar, es un vino de la denominación de origen Utiel-Requena. —Y una sorpresa para el paladar —contesta Fran, que comparte mi pasión por el vino, tras servirse una copa y llevársela a los labios. —Bueno, estamos aquí para que nos cuentes cosas de tí. —Muy bien, pero no pienso decir mi año de nacimiento… —me dice dulce y seductor. —No hace falta —le contesto riéndome. —Soy del 18 de febrero. Acuario hasta las cejas. —Me han dicho que además de la Historia del Arte tienes otra pasión… —En realidad es la misma pasión. Iván es puro arte. —Doy fe de ello. ¿Dónde está ahora? —Trabajando. En este momento debe estar rehabilitando a alguien… —Algo que por lo visto se le da muy bien. —Se le da de miedo. Sólo tienes que mirarme. —La verdad es que te veo totalmente en forma. Y dejando aparte a nuestro fisio, ¿qué me cuentas de nuestras amigas? —Que te voy a decir. Las adoro. Cada una de ellas tiene algo que embruja. María, su encanto; Mel su carisma; Eva su desfachatez; de Carla me gusta su fuerza, tiene la altivez de su madre…; Patricia es deslumbrante, osada. Y en cuanto a Sara, rezuma una dulzura engañosa que esconde un tremendo coraje… —Creo que de Sara no deberíamos hablar hoy… —Es cierto, se me ha escapado —sonríe burlón, como un niño malo— Pero no voy a disculparme.

martes, 23 de febrero de 2010

Álex

Recorro el camino empedrado que zigzaguea entre las pérgolas del amplio jardín mientras le echo un vistazo a mi reloj. Faltan cinco minutos para la cita, pero conozco a Álex. Efectivamente, cuando llego hasta nuestro rincón la encuentro saboreando una copa de vino blanco. Imponente, como siempre, con un traje de chaqueta negro, a juego con su cuidada melena hasta los hombros. Se levanta en cuanto me ve y me besa. Ahí están, mirándome intimidadores, los impresionante ojos castaños que ha heredado Carla. — ¿Llevas aquí mucho rato? —le pregunto mientras me siento frente a ella. —Diez minutos. Ya sabes que no me gusta llegar tarde. Se acerca la camarera y le pido mi consabida copa de vino tinto. — ¿Nos va a llevar mucho tiempo? He quedado en recoger a Marcello para cenar… —No te preocupes, nuestras amigas y amigos esperan únicamente saber algo sobre ti, lo que te puedas permitir contar… —Bien, nací en Valencia el 11 de noviembre de 1955, y aquí vivo por ahora. — ¿Por ahora? ¿Quieres decir que piensas marcharte? ¿Qué pasará con la editorial? —Sabes que mi trabajo ha sido siempre una de las cosas más importantes para mí, pero el futuro te puede deparar sorpresas… — ¿Relacionadas con Marcello? —Tal vez. El ha significado una segunda oportunidad en mi vida. Ya sabes que me quedé viuda muy joven. —Lo sé. ¿Y qué opina tu hija? —Quizás no debería contar eso, creo que sería desvelar demasiado… Además, Carla tiene sus propios problemas. —Sus propios problemas que siempre haces tuyos de alguna manera… —Soy su madre —contesta contundente. —Indiscutible —afirmo con una sonrisa—. ¿Y qué pasa con Mel? Mucha gente me pregunta si tu y ella… —Si ella y yo ¿qué? —Si hubo algo en el pasado entre las dos. —Ya estamos con eso. Sabes que la única que puede contestar esa pregunta eres tú —replica con una mirada maliciosa. —Cierto. ¿Alguna sorpresa en un futuro próximo? —Alguna que otra bomba puede estallar —contesta sonriendo por primera vez. —Bueno, intentaremos mantener la intriga…—digo lanzándole una sonrisa cómplice mientras saboreo mi copa de vino y respiro hondo, embriagándome con los aromas del mar cercano. No voy a disculparme es solo el principio…

sábado, 13 de febrero de 2010

Eva

Voy por mi segunda copa de vino cuando la veo aproximarse con paso decidido. Delgada, con un corte a lo garçon y embutida en un traje de chaqueta negro que parece querer dejar atrás. Se echa el flequillo despeinado hacia un lado, lo justo para que pueda ver sus ojos, y me besa precipitadamente.
—Lo siento. Acabo de terminar ahora —me dice mientras se quita la chaqueta y la cuelga en la silla vecina— ¡Joder, qué estrés! ¿Qué estás bebiendo? —Vino tinto. ¿Te pido una copa? —No. Necesito un güisqui. Le hago una señal a la camarera y Eva prácticamente le ladra su pedido en cuanto se acerca. —Tranquila, relájate —le digo sonriendo. — ¡Es que hay cada cabrón suelto…! — ¿Un mal día en el bufete? —No más que otros. Pero es que cada vez que viene una clienta y me cuenta su historia me pongo enferma.
La camarera, una joven atractiva de larga melena, entrega su copa a Eva mientras le sonríe de una forma un tanto provocadora.
—Tú, como siempre, triunfando… —No digas chorradas, sabes que estoy retirada —me contesta sonriendo por primera vez mientras da un buen trago a su vaso. —Afortunadamente para María, te has vuelto de lo más formal… —Hace media vida que estoy con ella, así que ya ni me acuerdo de ligar…Ni quiero tampoco, no pongas esa cara. —No estaba pensando nada… —Ya. —Bueno, nuestras amigas y amigos quieren saber cosas de ti, dónde y cuándo naciste, qué haces... Da otro largo trago a su copa y me mira. — ¿Por dónde empiezo? —Por donde quieras. —Vale, nací en Valencia… ¿la fecha también? —También. — ¡Jodeeer…! El 24 de agosto del 62. Soy abogada matrimonialista y vivo con María desde hace veinte años —me suelta sin respirar. —Bueno, no ha sido tan difícil… —Vale ya. —Sois vecinas de Mel, creo… —Vivimos muy cerca, al borde de la playa. — ¿Habéis conseguido que se eche novia? — ¡No me provoques para que cuente eso! Pero ya sabes lo dura que es la tía… —No insistiré —le contesto riéndome—. Me han dicho que preparaste una fiesta espectacular en casa el día de tu cumpleaños y que hubo alguien que se fugó con alguien… —No me acordaba de aquello —se rió—. Sí que fue una sorpresa, la muy… — ¿Qué te parece Carla? —le corto antes de que termine la frase. — ¿Qué me va a parecer? Está tremenda y... yo tendría cuidado con ella. —Con Patricia, ¿qué tal? —Prefiero no comentar. —Bueno, lo comprendo. Y María ¿va a venir a vernos otro día? — ¡Seguro! Me dijo que tenía muchas ganas, pero ya quedarás con ella. Está desde hace una semana pintando como loca… —La llamaré pronto.
En aquel instante, la misma camarera atractiva de antes se acerca a nuestra mesa y con voz insinuante le pregunta a Eva, casualmente, si queremos algo más.
Nuestra Eva la seguirá liando mucho tiempo, me parece a mí…

domingo, 31 de enero de 2010

Carla

Dejo que la ligera aspereza del vino tinto que acabo de llevar a mis labios inunde mis papilas gustativas. Cierro los ojos y me recreo en su sabor mientras espero en mi rincón favorito del Beso de Luna. Ahí viene. Elegante, impecablemente vestida. La melena castaña ondulante, acompañando el ritmo de sus pasos sobre el empedrado que la acerca hasta nuestra mesa. —Hola Carla. —Hola ¿llego tarde? –pregunta mientras se aproxima para besarme. Me embriago con su aroma, que deja en mí un recuerdo de algo familiar… — ¿Quieres otra cosa? —No. El vino está bien –contesta llevándose su copa hasta la boca. —Están esperando que nos hables de ti. —No se me da muy bien esto –contesta echando la melena hacia atrás con sus dedos, mientras se quita las gafas de sol descubriendo unos ojos oscuros, intimidantes. —Bueno, cuéntanos lo que puedas. —Nací en Valencia el 2 de enero del 77 y a los dieciocho me fui a estudiar a París. Allí he trabajado hasta ahora como directora de una empresa internacional dedicada al mundo de la moda. — ¿Y cómo ves tu futuro allí? —Creo que no debo responder a eso…—dice mirándome retadora. —Es cierto, perdona. ¿Qué tal Mel y tu madre? Sonríe y me mira intensamente. Me da la sensación de que un brillo especial aflora en sus pupilas. —Siempre se han entendido muy bien… —Deduzco entonces que no hay problema. —Bueno… —Vale, no te pondré en el compromiso… ¿Y Jean-Marc? —De alguna forma siempre formará parte de mi vida. — ¿Eso quiere decir que ya has decidido tu opción sexual? — ¿Crees que lo necesito? –me contesta atravesándome con dos flechas ardientes. Su fama le precede, hasta el punto de que un calor inusitado me recorre la espina dorsal. Doy otro trago a mi copa y vuelvo a cerrar los ojos. Decididamente, todo un carácter.

martes, 26 de enero de 2010

Mel

Esta tarde he quedado en el Beso de Luna con una amiga común. Mientras saboreamos una copa de vino, la animo a que nos cuente algo de sí misma. Observo la sonrisa magnética que me lanza, cruza las piernas y se pasa los dedos por su melena corta, mechones de un rubio pajizo que van a juego con sus ojos color miel, casi dorados. —Hola Mel. —Hola Mila. —Lo de Mel… —Melania Marzal. Ya sabes, por Lo que el viento se llevó… —Ya —sonrío—. Nuestras amigas y amigos quieren conocerte mejor. Dónde naciste, qué haces, dónde vives…y un montón de cosas más. Que se puedan contar, claro. —Bueno, nací aquí, en Valencia, un lejano 5 de abril del 62 —se ríe. Os cuento un secreto: no aparenta para nada su edad. Está… en forma. — ¿Vives aquí? —Sí, bastante cerca. En una casa junto al paseo marítimo. — ¿Sola? —Creo que eso es algo que todavía no debo contar…—contesta con un brillo pícaro en el fondo de sus pupilas. —Cierto. ¿Y te dedicas a…? —Escribir. Estudié Derecho, pero me lancé a la literatura y ya ves, he tenido suerte. —Después de ver el deportivo negro aparcado fuera, puedo imaginarme algo. —Tampoco es para tanto…—vuelve a sonreír de una forma que desarma a cualquiera. — ¿Nos vas a hablar de Carla? —Dentro de un tiempo. Ahora no puedo. —Bueno, pues de Sophie, aquella periodista francesa… —Eso ya es historia… — ¿Y Patricia? — ¡Eso es otra historia! Ya veis que nuestra querida amiga no suelta prenda. Habrá que acudir al lugar en el que todo se revela: No voy a disculparme.