martes, 26 de mayo de 2020

La tremenda estupidez de creer que sabes


La experiencia me había convertido en una mujer dura. O eso pensé durante mucho tiempo. La vida no me lo puso fácil, pero también me dio algunas armas para defenderme. Tengo un físico que atrae miradas, lo reconozco. A pesar de las circunstancias que rodearon mi infancia, a fuerza de inteligencia y tenacidad logré salir adelante, estudiar la carrera de periodismo y forjarme un futuro que me permite vivir desahogadamente.
Y me volví estúpida.
Creí que nunca nadie podría engañarme, que ya había visto demasiado, que lo controlaba todo. Mi falsa seguridad me había vuelto ciega y las defensas que creía tener se derritieron como un carámbano bajo el sol de julio.
Por suerte, el destino se encarga de poner las cosas en su sitio; eso sí, después de desencajarlas, como en el cubo de Rubik.
Yo, que siempre había alzado la voz contra lo injusto, me di cuenta de que mi propia arrogancia no me dejaba ver la realidad. Y la realidad, con toda su esplendorosa barbarie, se extendía delante de mis ojos.
Aquí me tenéis hoy, más abierta a la incertidumbre, más receptiva a lo que me rodea y, en consecuencia, más libre.
Ahora me he lanzado a nadar sin ropa y lo único que sé es que sigo aprendiendo. Y soy más feliz.
Por cierto, me llamo Marina Salvatierra.
Me conoceréis en INSURRECT"S

lunes, 2 de marzo de 2020

Pablo


Hubo un tiempo en que la ciencia solía guiar mis pasos.
Qué iluso fui, tratando de enjaular la vida
dentro de parámetros comprensibles.
No sé si abrí una puerta a lo desconocido
 o lo desconocido vino a mí.
Solo sé que no sé nada y que nada quiero saber
si saber me trae el dolor,
 lo indefinible,
 el terror.

Ahora anhelo lo cotidiano,
 pero nada es sencillo.
 Ya nada es sencillo.

 Me llamo Pablo Aguadulce.
Entrad en 22
Sabréis de qué hablo.



jueves, 20 de febrero de 2020

Presta atención


¿Dónde vas?
¿Tan deprisa?
Respira.
Es lo único que tendrás, tu presente inspiración; esa bocanada de aire que llena tus pulmones para aportarte oxígeno.
Más allá, nada es seguro, nada es preciso.
Abre los ojos, centra tu atención.
Mira lo que tocas, toca lo que observas, observa lo que amas.
Saborea lo que tus labios apresan, céntrate en la textura, la temperatura, el aroma.
Contempla tu respuesta.
¿Salivas?
Paladea.
¿Ronroneas?
Disfruta.
¿Cuánto tiempo hace que no miras a los ojos?
Entra en su alma.
A través de la mirada lo sabrás todo.
Quizá no te guste lo que encuentres.
Asúmelo.
Es el camino.
La vida está ante ti, no pases de largo.
La pereza es enemiga de la evolución.
Busca la mejor versión de tu persona.
La felicidad, esa idea tan mal buscada y peor hallada, está al alcance de tu mano.
La atención lo es todo.
Presta atención a lo que haces.
Presta atención a lo que sientes.
Presta atención a lo que sueñas.
Presta atención a lo que amas.
Y, al final de todo, regala con generosidad cuanto aprendas.
Convertirás este mundo en un lugar mejor donde vivir.

Insurrectas se está forjando.

martes, 18 de febrero de 2020

Andrea


La ciencia era uno de los pedestales sobre los que se apoyaba mi vida.
Pensé que estaba segura en mi pequeño mundo perfecto,
calculado, 
mecánico,
cuántico;
un mundo en el que imperaba el equilibro, 
la paz, 
el amor 
y la risa.
Hasta que abrí los ojos y todo estalló.
Hasta que, un buen día, me vi abocada a aceptar lo impensable.
Y, entonces, la magia comenzó a crecer en mi regazo.
Me llamo Andrea
Vivo en 22..

martes, 11 de febrero de 2020

Roberto

Lo supe muy pronto.
El dolor físico nació conmigo.
Ha sido una constante en mi vida,
un faro,
una baliza,
un rastro de migas.
Mi dolor protege,
guía,
auxilia.
Pero hay otra clase de dolor
al que no me habitúo.
No nace de mi cuerpo,
pero me rompe por dentro,
me desgarra,
me quita el oxígeno,
me deshace el suelo.
A ese, sí lo temo.
¿Quieres saber de lo que hablo?
Me llamo Roberto Marinas
Entra en 22

miércoles, 11 de diciembre de 2019

Sergio


Valió la pena.
Tocarte y, con ello, entrar bajo tu piel para sentir el dolor, la angustia, el miedo, el autodesprecio y, no obstante, tu enorme generosidad.
Descubrir la inconcebible fuerza que escondes.
Ser destinatario de la nada habitual sonrisa de tus ojos.
Saber cuándo me escuchas, constatar que puedo sacarte a golpe de ternura de la crueldad de tu encierro.
Atrapar tu mirada de gacela perdida pidiendo a gritos un bosque donde ser libre.
Ser testigo de los límites de tu poder, de la magia de tu energía, del milagro de tu alma.
Haberte conocido tan poco y tanto.
Todo valió la pena.
Todo, en 22.

Próximas presentaciones:
10 de enero 2020: Barcelona.
17 de enero 2020: Dénia.

jueves, 14 de noviembre de 2019

Rocío


No te dejes convencer
por mi engañosa fragilidad.
Peligro es mi nombre.
Puedo parecer joven
y terriblemente vieja.
Ser arisca
y generosa hasta el fin.
Destilo miel,
pero millones de púas
me crecen dentro
rompiéndome la dermis.
“No te acerques”, aúllan.
No mato una mosca,
pero estoy capacitada
para arrasar el mundo.
La mirada más dulce,
la bondad más grande,
la culpa infinita,
la rabia imparable y
la furia devastadora
habitan en mí.
Acércate
y te quedarás para siempre.
Soy Rocío Delmar.
Vivo en 22.