A pesar de que la reunión de esta noche no es
precisamente poco concurrida, las conversaciones avanzan entre siseos y
silencios que lo gritan todo. De repente una carcajada electriza el aire. Siempre
me ha encantado la risa de las mujeres, ese sonido vibrante, juguetón, lleno de
promesas… La dueña de tamaña provocación es una valkiria rubia que en este preciso
momento sacude su lacia melena hacia atrás y nos descubre un iris azul en cuyas
aguas podríamos beber sin miedo. A su lado, Patricia sonríe con malicia. Intuyo
que ha sido su comentario el que ha provocado la hilaridad de la otra.
—Te
noto traviesa…—le digo.
—¿Tú
crees? —me incita.
—Está
bien —me río—. Todas sabéis por qué estamos aquí esta noche. Se acerca el 8 de
marzo y había pensado que cada una podría aportar su experiencia de lo que significa
ser mujer. Tan solo os pido unas palabras, una frase.
—¿Puedo
empezar? —pregunta María. Yo le hago un gesto afirmativo—. Para mí la intuición
es un rasgo definitorio importante. Creo que se debe a que estamos abiertas a
todo.
—Yo
creo en la capacidad natural para apoyarnos y defendernos unas a otras —defiende
Eva sin soltar la mano de su pareja. Esta se la lleva a los labios y deposita
un sexy beso en el dorso.
—Yo
qué voy a decir, para mí es importante el instinto maternal —interviene Carla—.
No estoy diciendo con esto que sea imprescindible ser madre para sacarlo a flote.
Creo más bien que toda mujer lo posee y lo activa en determinadas relaciones
interpersonales.
—Para
mí una mujer es un ser maravilloso, versátil, lo suficientemente fuerte como
para mostrar su debilidad en un momento dado —defiende Mel.
—Creo
que mujer es sinónimo de superviviente. Estamos hechas para poder enfrentarnos
a cualquier cosa y salir, si no victoriosas, más fuertes —afirma Patricia.
—Completamente
de acuerdo —corrobora la valkiria rubia— Eso y el don de hacer crecer a alguien
en nuestro interior. Creo que eso nos hace portadoras de la magia.
—La
perseverancia y la fuerza de voluntad creo que son características que todas
poseemos en cantidades elevadas —señala cierta morena de rasgos latinos.
—Yo
defiendo nuestra capacidad de superación —añade la mujer de rasgos exóticos
sentada a su lado.
—Pues
yo, queridas amigas, creo que somos las criaturas mejor preparadas para el placer—suelta
sin titubear una preciosa pelirroja de ojos grises.
Ante
semejante afirmación, todas levantan su copa y un murmullo apreciativo se alza sobre
las cabezas de las presentes.
Nada
que objetar. Sus capacidades son las nuestras… y en La daga fenicia las exhiben
sin reparos.








