Ella hubiera preferido no venir, lo sé. Pero no puedo obviar su presencia en el torbellino general que está a punto de producirse. A Autorretrato con mar al fondo le queda poco más de una semana para ver la luz. El parto está a punto, y qué mejor que una matrona…
—Gracias, Sara —le digo, premiando con una sonrisa sincera su presencia en el Beso de Luna.
—No me has dejado muchas opciones —me contesta tímida pero contundente, como es ella.
Observo sus labios carnosos ligeramente apretados y cómo se aferra a su cóctel como a una tabla de salvación. Mantiene la mirada baja, pero al cabo de un instante levanta los ojos y puedo disfrutar de esas dos perlas negras encendidas que encierran secretos inconfesables.
Sara es un volcán envuelto para regalo en terciopelo.
—¿Cómo te sientes tras esta nueva aventura que vamos a compartir con los demás?
Se toma su tiempo, saborea un sorbo de su copa y vuelve a mirarme con los ojos levemente nublados, como si un velo misterioso hubiera cubierto su iris.
—Extraña, desubicada.
—¿Entiendes todo lo que ha pasado?
—En absoluto. Pero sabes que lo respeto, es tu decisión.
—Bueno, las decisiones no siempre las tomo yo, lo sabes. En ocasiones disfrutáis de una independencia que llega a asustarme.
—¿Tú crees? —me recrimina tímidamente, clavándome sus ojos oscuros incapaces del más mínimo rencor.
—Estoy segura. De todas formas, dejaremos que lxs lectorxs opinen, ¿no te parece?
—Sí, será lo mejor.
Sara es así, discreta pero intensa a su pesar, dulce y férrea a un tiempo. Lo que para muchxs significa dar un paso, a ella le supone quebrar mundos. Y a pesar de ello, no se detiene.
Poco más de una semana para el caos. Autorretrato ya huele a mar…













