domingo, 13 de febrero de 2011

Álex comparte impresiones sobre Autorretrato con mar al fondo

Hace rato que Álex y yo disfrutamos de un buen vino en el Beso de Luna. El local nos enseña su rostro más desbordante esta noche. Todo el mundo parece haberse puesto de acuerdo para celebrar con anticipación el día dedicado al amor. A las que vivimos permanentemente enamoradas no nos hace falta ese recordatorio, ¿verdad Álex? Ella me sonríe —arrancarle una sonrisa a Álex no es tarea fácil— y me lanza una de sus miradas fulminantes. —Eso es cierto, la clave está en convertir cada día en una celebración—contesta, haciendo un paréntesis para saborear su copa—. Pero, tristemente, hay mucha gente que necesita que le recuerden que ama a la persona que tiene al lado. Sé con certeza que os hubiera encantado estar presentes en la conversación previa que hemos mantenido Álex y yo. Ha sido muy reveladora. Se permitió entreabrir el alma unos instantes para dejarme echar un vistazo a su interior. Apasionante. Esta mujer ha sido templada al fuego, como las espadas míticas. Su energía es potente, su capacidad de amor, incombustible, su fuerza, indeleble. —Por cierto, una amiga me acaba de decir que eres genial. No tienes ni idea de la cantidad de fans que tienes por ahí. La he sorprendido con un comentario que no esperaba. Me encanta desarmar la dureza de sus facciones. — ¡Pero si soy la abuelita de todos! —apunta con expresión grave. —De eso nada, puede que seas la mujer con más… experiencia, pero no sabes las veces que me han dicho lo sexy que les pareces. — ¡Déjalo ya, anda! —suelta, incómoda. No le gusta nada ser el centro de atención, la conozco muy bien, y por eso mismo me gusta provocarla. El hecho mismo de estar aquí conmigo para hablarnos de su aventura en Autorretrato con mar al fondo le ha costado un esfuerzo. Y es que en esta tercera entrega se erige en protagonista de alguna forma. —Bueno, vamos a centrarnos en la historia. En Autorretrato con mar al fondo pasan cosas muy curiosas que te afectan de manera directa. —Yo no las llamaría curiosas, precisamente. El ambiente es de una intensidad aterradora en algunos momentos, sobretodo porque tú te has empeñado en amargarme uno de los días más señalados de mi vida. —Tampoco hay que exagerar… —Tú verás. Espera a que lo conozcan y que opinen. —Ya no falta mucho. Creo que esta semana estaré en disposición de soltar la bomba. — ¿Lo ves? Hasta a ti se te ha escapado: la bomba. —Mujer, es una forma de hablar… —Ya. Yo sé lo que digo. Me atraviesa con ese par de lanzallamas que son sus ojos y agarra de nuevo la copa para llevársela a los labios. ¡Este Autorretrato con mar al fondo los ha revolucionado a todos!

jueves, 3 de febrero de 2011

Nuestras chicas dan las gracias a Barcelona

Definitivamente nuestras chicas y yo lo pasamos en grande. Barcelona y las amigas catalanas nos acogieron con los brazos abiertos y el corazón de par en par. Gracias. —Os veo contentas —digo sonriendo al contemplar los rostros que me observan desde nuestro rincón de invierno en el Beso de Luna. —Contentas y agotadas. ¡Vaya marcha hay en Barcelona! —señala Patricia estirando las piernas interminables desde su asiento. Sara sonreía asintiendo con la cabeza. —Reconozco que nuestro ritmo fue un poco frenético, sobre todo para nuestros cuerpos no demasiado acostumbrados a tanto via crucis. Porque la capital catalana no solo aglutina el mejor ambiente cultural, sino también un ocio muy variopinto. Hay de todo y bueno. —La verdad es que después del encuentro participativo en la librería Bertrand, no podía haber mejor colofón que la cena multitudinaria con nuestras amigas y la copita posterior en el Axel…—añade Mel. —Todo fantástico. Y debemos agradecer las frecuentes e interesantes intervenciones de l@s asistentes a la presentación de No voy a disculparme y Tras la pared. Se creó un clima relajado y divertido—apuntó María. —Fue un auténtico placer conocer a todas esas personas en vivo y en directo después de tantos contactos virtuales. Desde luego nuestras amigas catalanas fueron muy generosas en sus preguntas y consiguieron que todo fluyera… —digo con una sonrisa de satisfacción. —También tienes que reconocer que estabas flanqueada por dos personajes que lo hicieron de lujo —afirma Mel. —Pues sí, realmente fui muy afortunada de tener a mi lado a Ana Satchi y Mª José Garrido. Con ellas era muy difícil que algo fallara. —Y no te quejarás, que a parte de mis colegas editoras, Connie y Helle, entre la concurrencia pudimos ver algunas conocidísimas escritoras… —dice Carla. —Vaya que sí, y tuvimos el privilegio de conocerlas personalmente. —Todavía me duele la mandíbula de reírme. No sabía que las catalanas eran tan divertidas y marchosas—suelta Eva. —Me parece que va ser muy difícil olvidar este fin de semana y a la gente con la que lo hemos disfrutado. Por cierto, debemos dar un especial abrazo a las amigas que acudieron desde lejos para vernos: algunas desde Valencia e incluso desde Zaragoza… ¿Qué os parece si lo inmortalizamos mostrando algunas fotos?
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